SIGRID
No quiero parecer tan débil. Ya hemos estado juntos.
¿Por qué me siento tan vulnerable frente a Silas con mi cuerpo original?
Me abrazo a él y me dejo llevar por todas las nuevas y excitantes sensaciones.
Sus labios bajan y capturan mis pezones.
Me estremezco por tatos estímulos, el dolor convirtiéndose en una molestia ante el roce constante de su polla.
La siento palpitar y engrosarse, latir caliente. Me está gustando. Mi coño cede y empieza a disfrutar de ser tomado por primera vez.
El meneo en sus caderas comienza a ser más vigoroso, profundas estocadas, cada vez más rápidas y apasionantes, más rudas.
Y hay un punto… sí, oh sí, ese lugar, justo ahí…
—Silas… mi Silas… mmm —mis gemidos cambian de dolorosos a excitados. Las gotas de sangre se mezclan con los fluidos blancos que lubrican las penetraciones.
Silas se mueve sobre mí como un lobo en celo. Abre por completo mis piernas y se menea entre mis muslos.
Se incorpora un poco, y lo veo jadeando y gruñendo, embistiendo en mí, mirándome obsesivo, sin siquiera pestañear mientras me monta.
—Acaríciate las tetas —me dice con esa voz demandante, como si ahora yo fuese su esclava y él mi señor.
Mis manos van hacia mis senos. Me retuerzo el pezón y me los amaso como él lo hace.
Me come con la mirada, baja los ojos y mira el encuentro entre nuestros genitales.
La espuma se escurre, el grueso pene entra y sale de entre los labios vaginales hinchados, que ya son los de una mujer consumada con su macho.
—Aaahhh —gimo como loca. La cabeza me da vueltas de placer.
Esto es adictivo. Silas toma mis piernas y las sube sobre sus fuertes hombros.
Estoy por completo abierta en esta posición, con los pies en el aire, las nalgas separadas del colchón.
Se inclina hacia delante y me empala hasta lo más profundo.
Grito cachonda, arqueándome.
La cama se estremece con sonidos secos, el sudor corre, el deseo se acumula, el chocar de nuestros cuerpos hace eco en la habitación semioscura.
—¡Silas! —gimo con la voz rota, temblando por completo, cerrando los ojos y derramándome en un orgasmo como nunca antes.
Ni siquiera en las pocas veces que me toqué había sentido algo tan potente.
Mi magia explota en frenesí y se enreda con la suya: dominante, oscura, peligrosa.
Nuestras almas resuenan al mismo tiempo, compartiendo nuestras fortalezas.
Soy una Selenia hechicera, la magia de mi mate es la que nutre mis deseos y refuerza nuestro vínculo de mates.
Mis pies son devueltos a la cama, mi vagina se contrae frenética, mi mente queda en blanco, y mis puños se aferran a las sábanas revueltas.
El miembro semierecto va saliendo y me hace dar un suspiro complacido.
Pero veo sus intenciones y enseguida recojo mis piernas, cerrándolas y moviéndome hacia atrás.
—¡No mires eso ahora!
—¿Por qué no? ¿Eres tímida todavía? —Gira su cabeza a un lado, veo el brillo juguetón en sus ojos.
—Nnno… ¡no lo soy! ¡No te rías! —Alcanzo una almohada y se la arrojo.
Él la esquiva sonriendo y se acerca.
Amo cuando está así, tan relajado y brillante, con toda su oscuridad bien encerrada.
—Entonces vamos a tomar un baño caliente. Prepararé la tina y te voy a limpiar muy bien, varias veces —me susurra al oído mientras me encierra en sus brazos.
Beso la línea afilada de su mandíbula.
—Espera, espera unos minutos con tu semilla dentro de mi… mamá… mamá me dijo que eso era bueno para… para quedar preñada —susurro contra su cuello.
Pienso que confesarle mi idea de darle lo que todos los machos desean lo hará feliz.
Siempre ha estado tan solo que tener un pedacito de ambos, creo que sería una bendición.
Sin embargo, Silas no me dice nada, se queda en silencio.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...