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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 299

SIGRID

Comienzo a ponerme ansiosa porque me bloquea totalmente.

Pero nuestras magias son una, es como el vínculo en los hombres lobos o la conexión de la sangre en los vampiros.

Somos mates, y ahora mismo lo único que siento viniendo de él son inseguridades y… ¿temor?

—¿Silas? —Intento subir mi cabeza, pero él se aferra con más fuerza a mi cuerpo.

Ambos estamos sentados sobre la cama.

—Amor, ¿qué sucede? —le pregunto preocupada.

Siento su rigidez, su resistencia. Está aterrado de repente, y su corazón late errático. Me está poniendo muy nerviosa.

Cuando me dispongo a abrir de nuevo la boca, poniendo la mano en su pecho para apartarlo, él me habla al fin con voz gutural:

—No puedo —me dice en voz baja, temblorosa.

El remolino turbulento de su magia a punto de salirse de control.

—¿Qué? —susurro atónita.

—Yo no puedo, Sigrid… yo… yo no te dije por miedo a que me dejaras… No te alejes de mí, por favor, no te alejes de mi vida. No puedo soportarlo sin ti. Soy tan egoísta que me callé para retenerte a mi lado…

—Silas, amor, tranquilo, tranquilo. Silas, mírame, mírame por favor —me libero de su agarre de hierro, subo mis manos y lo hago mirarme.

Sus ojos, de nuevo cambiando, como cada vez que la oscuridad supera a su luz.

El ojo maldito ennegrecido, el otro dorado opaco, los músculos de su mandíbula tensos, a punto de explotar, sus dientes apretados, su cuerpo tiembla.

Solo me observa, me observa, me observa…

—Tú… te refieres a que no puedes… —comienzo a atar cabos entendiendo sus palabras—, no puedes dejarme preñada.

Ante mis palabras, cierra los ojos y asiente con la cabeza, afirmándolo.

El dolor profundo bloqueado por él, la desolación en su alma, pero igual me llega. Lo vi en el fondo de sus orbes.

Aprieto los puños con el odio rugiendo en mi corazón.

Estoy segura de que esto tuvo que ver con todas las porquerías que experimentó Lucrecia.

La odio, la odio tanto de nuevo que pediría un boleto de regreso solo para asesinarla otra vez.

Me abalanzo sobre mi hombre.

Su cuerpo cae a la cama y el mío sobre sus fuertes caderas, cabalgándolo, sintiendo su simiente escurrirse desde mi vagina.

—Tonto, mi mate, ¿de verdad crees que te librarías de mí solo por eso? —acaricio su barba incipiente, mi rostro sobre el suyo.

—Sigrid… —su voz sale estrangulada, sus manos acarician con cautela mi cintura.

Sé que piensa que lo voy a rechazar y me alejaré.

—¿Qué pensabas? ¿Que te iba a reclamar algo? ¿Que te iba a repudiar?

—Te mentí. Tomé tu virginidad, debí decirte primero, y quizás no me aceptarías…

299. NO ME ARREPIENTO DE ESCOGERTE 1

299. NO ME ARREPIENTO DE ESCOGERTE 2

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