KATHERINE
Miré con incredulidad a esa mujer que había echado la noche anterior y que, sorprendentemente, estaba de vuelta saliendo del cuarto interior.
—Te di una orden muy clara ayer. ¿Qué haces aquí? —le pregunté en voz baja, evitando hacer una escena delante de la niña.
—El Duque fue quien me contrató, y hasta que él no me eche, no me voy a ninguna parte —me respondió con todo el descaro del mundo.
La niña comenzó a decirme que dejara de acosar a su nana, que ella era buena, que me fuera de nuevo para el campo, pero no escuchaba nada.
Solo veía a esa mujer con su mirada llena de seguridad y desprecio.
—¿Le dijiste al Duque que te pedí marcharte, o le inventaste alguna mentira?
—Le dije que la señora prescindió de mis servicios, y él me dijo que me quedara a cuidar a la niña…
Ni siquiera esperé a que terminara. Salí como un vendaval del cuarto.
Con su maldito castillo podía hacer lo que quisiera, como si no me dieran comida o me escupieran la cara sus sirvientes, pero en las cosas de mi hija, NO.
Llegué al despacho donde lo había visto sacar a un hombre a rastras el día anterior.
Respiré varias veces: uno, dos, tres. Profundamente. Me estiré el corpiño del vestido, tratando de calmarme.
Subí mi puño para tocar, y este salió con mucha más fuerza de lo que debería.
“Eres Rossella, eres Rossella”
Aunque quieras caerle a mordidas a ese idiota, debes comportarte como una duquesa.
Pasos se acercaban y esperaba, le hablaría con educación, pero si me llevaba a los extremos, este Duque iba a conocer hoy lo que era una loca graduada de un manicomio.
*****
ELLIOT
—… el carbón almacenado alcanza para el invierno, pero ha recibido protestas de los jornaleros…
Wallace hablaba, leyendo los informes matutinos. Lo cotidiano era estarle prestando atención, pero mi mente divagaba de nuevo hacia lo mismo, lo cual me ponía de un humor de perros.
¿Qué tanto tenía que pensar en esa maldit4 arpía?
Mi esposa, por los chantajes de ese maldito viejo, a la cual no le daba una segunda mirada, era para mí tan insignificante como el estiércol en las caballerizas.
Sin embargo, desde ese día en que regresó de la campiña, la vi salir del carruaje a través de la ventana del despacho mientras ese ladrón intentaba justificar sus acciones a mi espalda.
La observé con fastidio.
De verdad me habría importado un comino si se quedaba lejos para siempre.
Pero cuando alzó sus ojos marrones, esperaba encontrar sus falsedades.
Sin embargo, parecían asombrados, brillaban llenos de vida.
Intenté convencerme de que solo había sido un espejismo, otro embuste más de esa mujer para llamar mi atención.
Pero anoche, después de tomarme todo mi tiempo a pesar de saber que esperaba, al chocar con su ímpetu, sus ojos cruzándose de nuevo con los míos…
¿Por qué se ve igual y, a la vez, tan diferente en tantas cosas? ¿Estar cerca de la muerte la hizo reinventarse?
No, no, qué idiotez… ¿o sí?



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...