KATHERINE
Mi corazón latía deprisa con la adrenalina recorriendo mis venas.
El Duque nos incluyó bajó su protección aunque fuese un acto fingido.
Qué bien se sentía el poder de tomar decisiones, de no ser solo el títere de otro, una muñeca sin vida.
El poder absoluto que representaba este hombre parado delante de mí… lo miré intensamente, reafirmando los objetivos en mi mente a pesar de las barreras.
Ordenó que se llevaran a la nana y al tal Theodore, que obviamente estaba preparando el camino para abusar de la inocencia de mi hija y luego ascender de mozo a esposo de una noble.
Esas ideas macabras no se le ocurrían a un joven de 14 años, eso era obra de su madre.
El Duque al fin se giró y volvió a mirarme, solo unos instantes.
Sus ojos azules fulguraban con hermosos destellos dorados, quizá por el reflejo del sol.
Pasó a mi lado sin decir una palabra más.
—Gracias, su Señoría —le susurré en voz baja sin esperar que me respondiera.
Tomé un largo respiro, estirándome la falda.
Hoy me había salido por completo de mis papeles.
Por todos los cielos, no llevo aquí ni una semana y ya este teatro gotea por todos lados.
Cuando entré al castillo, los ojos de los sirvientes sobre mí ya no eran los mismos que al inicio.
El desprecio seguía, pero ahora más disimulado, tapiñado, cubierto por el miedo de terminar como la nana modelo.
Al menos todo esto me sirvió para darles un escarmiento y mostrarles que la vieja Rossella, que solo fingía ser dura, ahora era una arpía loca de verdad.
*****
Mis ojos preocupados miraban hacia la pequeña dormida en la cama.
Sus ojitos estaban hinchados de tanto llorar.
La nana había hecho una escena delante de ella y, gracias a Freya, que la metió casi a la fuerza en su habitación, no vio a su madre agarrarse de las greñas con la mujer a la que había dado su cariño de manera inocente.
—Hija, te voy a recuperar, voy a cuidar esta buena vida para ti, no importa qué —me incliné y la besé en la frente con amor, arropándola bajo la cobija.
Ahora que Freya sería su nana, estaba más tranquila por todo.
—Conseguiré un refugio seguro para las dos, déjaselo a tu mamá. Nadie te va a quitar tus comodidades —susurré, levantándome de la cama y saliendo hacia el estudio, cerrando con suavidad la puerta.
—No te preocupes, niña. Poco a poco, paciencia, aún estás a tiempo —Freya me esperaba sentada en el sillón al lado de la ventana, bordando como siempre hacía.
Nana asiente pensativa. — Como sea, si te pregunta, debes hacer creer que tú estás al corriente, no puede descubrir que tú no sabes realmente nada - me sugiere.
— Eso es una solución a corto plazo, pero no funcionará siempre, solo basta con presionarme un poco y descubrir que no sé nada, el Duque es muy perspicaz.
Nos quedamos las dos en silencio.
— ¿Qué hago? ¿Cómo tener un hijo con un hombre que ni me mira? —me mordí la uña del pulgar, como siempre que estoy a mil con el nerviosismo.
En realidad, sé que es lo más mezquino del mundo, pensar en acostarme con un hombre para embarazarme, pero si me vi forzada a hacerlo con ese asqueroso para sobrevivir, ¿por qué no lo haría con el Duque?
No soy una santa; mi moral y orgullo fueron de las primeras cosas que se arrojaron por el suelo en esa mugrosa celda.
—Hay una manera, tengo una manera de hacer que intimes con el Duque —me dice de repente, y alzo los ojos para encontrarme con los suyos, bien serios, llenos de secretos no dichos.
—Pero tendrás que utilizar eso que no quieres…
—Nana, no. Sabes que tengo miedo, ¿y si me descubren?
—No lo harán con lo que te mostraré, pero, niña, ya cuando pases esa puerta no hay vuelta atrás, ¿entiendes? Tendrás que seguir hasta el final.
Me quedo en silencio, me muerdo el labio inferior que me tiembla un poco.
Voy a abrir la boca para responderle, pero en eso tocan la puerta.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...