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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 314

KATHERINE

Es una doncella que me avisa de nuevo sobre la cena.

—Lleven la comida a mi habitación, hoy no cenaré en el comedor —" ni hoy ni nunca más".

La veo retirarse con un asentimiento.

—Nana…

—Piénsalo bien, no hay apuro. No va a nacer un heredero en unas horas. Ve, ve y date un buen baño, relájate y medítalo con la almohada. Yo cuidaré a Lavinia. —Suspiro y me levanto, inclinándome hacia ella.

Le doy un beso en su frente arrugada. Esta mujer ha sido la única madre que he conocido en mi vida.

—Zalamera, tan pegajosa como cuando eras una cosita revoltosa. Vete a descansar, que te esperan duras peleas —me palmea las manos.

Me voy hacia mi habitación.

La verdad es que mi cabeza está que casi hecha humo de tantas preocupaciones.

Nadie dijo que vivir la vida de otra sería cosa sencilla.

Apenas cierro la puerta de mi habitación, unos golpes se escuchan en la madera a mi espalda.

Abro y veo al mozo que atiende el comedor.

—Disculpe, Duquesa, la cena ya está lista.

—Pásela entonces —le digo abriendo más la puerta, esperando el carrito, pero lo veo con cara de circunstancias y sin nada en las manos.

—La cena se servirá en el comedor, como de costumbre.

—Pedí que me la trajeran a la habitación —repliqué entre dientes.

—Sí… sí, pero el señor dijo que… que tenía que comer en el comedor, que el cuarto no era para eso…

¡Uy, ese… ese… ash!

—Entiendo. Dígale al Duque que no bajaré, que si estaba esperando por mí, puede empezar a cenar. —Y con la misma le cerré la puerta en la cara.

Pobre chico, pero ya estaba cansada de los caprichitos de ese hombre.

¿Qué pretendía? ¿De nuevo dejarme esperando por horas hasta que le viniese en ganas comer?

Yo tenía dos manos e iría a asaltar la cocina después de bañarme.

Comencé a desvestirme mientras abría el grifo y llenaba la bañera de agua caliente, las ventajas de los nobles.

En mi casa, era llenarla a puro balde de madera.

Gemí satisfecha, hundiéndome en la tina, cabeza y todo.

Antes de que se les pasara el miedo de hoy, mañana ordenaría que le dieran una buena limpieza a mi cuarto.

No demoré mucho; me pasé bien la esponja y aclaré la espuma con agua.

Tomé una bata algo descarada de Rossella para ponerme.

No sé para qué la tenía, si su esposo no pasaba ni de largo frente a la puerta de su alcoba.

Era abierta adelante por completo, semitransparente y en blanco.

Salí al cuarto descalza, el carbón crepitando en la enorme chimenea decorada con azulejos llenos de flores hermosas, infundiendo calor en toda la instancia.

Mis piernas abiertas por completo, los pies retorciéndose en el borde del colchón, mientras dos dedos se follaban mi vagina deliciosamente.

De repente, el olor a bergamota asaltó mis recuerdos, confundiendo mi mente, subiendo mi lujuria a otro nivel.

Los nudillos chocaban contra mi vulva; el chapoteo lascivo de mis fluidos salpicaba con cada embestida.

Mi boca gemía intentando controlarme.

Me retorcía de placer sobre la cama, imaginando un cuerpo musculoso presionándome, dominándome con su enorme polla, follándome hasta la inconsciencia.

—Sssii… Duque, más… mmm… dame más duro… aahh —estaba cerca, muy cerca de las nubes de colores.

*****

NARRADORA

Mientras nuestra falsa Duquesa estaba a punto de tocar el arcoíris, el espécimen dueño de sus fantasías cachondas se levantaba hecho una fiera del comedor, arrojando la servilleta sobre la mesa.

—¡Repítelo de nuevo! —Elliot rugió molesto.

—La… la Duquesa dijo que no… que no cenaría con usted… —el pobre mozo casi se hace del dos en los pantalones.

—Eso ya lo veremos… —Elliot masculló entre dientes, saliendo con poderosas zancadas del comedor en dirección al segundo piso.

¡¿Cómo se atrevía a dejarlo plantado?!

Subió las escaleras, avanzó por el pasillo como un lobo feroz hasta pararse frente a su puerta.

Agarró con furia el picaporte de la habitación donde no había estado en más de diez años y entró como lo que era… el dueño del castillo y, de paso... de esa Duquesa descarriada.

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