ELLIOT
Mis pasos impetuosos, amortiguados por la alfombra de la salita, avanzaron hasta la puerta de la alcoba.
Era tanto mi cabreo que ni siquiera me paré a pensar en que estaba invadiendo su privacidad.
Agarré el picaporte y entré de golpe.
—Aaaww, Duque… ahhh —un gemido ronco resonó en la habitación.
Me quedé congelado en la entrada, el olor intenso a deseo y lujuria de lavanda flotando en el aire, haciéndome estremecer.
Mi respiración se aceleró ante lo que veía de frente.
Rossella, sobre la cama, con las piernas completamente abiertas hacia mí, su rosado coño destilando jugos que rodaban por la raja de sus nalgas, empapando las sábanas.
Dos dedos penetraban profundamente la pequeña abertura, que no podía dejar de mirar.
Mi cuerpo calentándose como un volcán, mi polla endureciéndose ante esta provocadora visión.
Se retorcía, con los pies de puntillas sobre el colchón, la espalda arqueada por el placer desbordante, sus ojos cerrados en deleite y el cabello castaño mojado, se abría como un abanico alrededor de su cabeza.
Esos pechos… por todos los cielos, sabía que tenía las tetas grandes, pero, maldición, ¡qué delicia! Se me estaba parando el pene a reventar.
La garganta se me secó.
Dentro de mi pecho, la lascivia oscura rugía por salir; incluso di un paso hacia ella, relamiendo mis caninos.
Picaba en esa área.
Joder, joder. ¡No, no! Esta mujer… ¡¿qué me está haciendo esta mujer?!
—¡Aaahhh! ¡¿Cómo entras así a mi habitación?! —gritó de repente, incorporándose con los ojos como platos llenos de pánico y vergüenza.
Parece que al fin notó mi presencia después de venirse tan rico justo frente a mi cara y gimiendo descaradamente mi título.
Miré a un lado mientras se cerraba esa bata desvergonzada.
Aunque para el caso, ya había visto todo lo que no me había interesado en diez años y ahora me tenía con los testículos tensos.
—Ordené que fueras a cenar al comedor…
—¡¿Y solo por eso creyó que podía venir y entrar así, sin nada de educación, al cuarto de otra persona?! —me gritaba enojada, poniéndose de pie.
Pero más lo estaba yo por dejarme llevar por mis instintos primitivos.
—¡Esta es mi casa, y puedo pasar a donde me dé la gana sin pedir permiso! ¡Y tú no eres otra persona, eres mi esposa, quiera yo o no! —giré de nuevo mi cabeza para enfrentarla.
“Maldición, ponte algo más por encima”, pensé, forzando mis ojos a no desviarse hacia la tela transparente que se le pegaba sexy a las curvas de su cuerpo desnudo.
—¡Duque, deje de fingir, ambos sabemos que solo soy su esposa de título! Aquí no hay nadie, solo usted y yo —dijo levantando un dedo y señalando entre ambos.
Justo uno de los dedos que utilizó para penetrarse.
Mi cerebro hizo cortocircuito cuando la brisa trajo el olor de su intimidad hasta mi sensible nariz.
Casi gruño de placer, y mis pupilas se fijaron en los restos lechosos que aún quedaban en la yema, de su excitante orgasmo, volví a tragar.
Su coño… mmm… su coño debería estar bien mojadito y resbaloso ahora mismo, después de venirse… ¡No, no! ¡Maldit4 sea!
—¡¡Tienes tres minutos para ponerte algo decente y bajar a la cena o regresaré de nuevo y no será agradable!!
—¡No quiero cenar más con usted! ¡Si tanto le molesta mi presencia, para qué se obliga! —dio un paso adelante y el escote se abrió un poco más, casi al punto de mostrarme un pezón.
Mi pene latía salvajemente dentro de mi bragueta. ¡Quería escapar de esta trampa mortal!
— ¡Me importa una mierd4 lo que quieras o no!, ¡¡es una orden!! —le rugí como un animal y salí dando un portazo y luego tirando la otra puerta, hasta encontrarme en el pasillo.
Me quedé respirando pesado. Mi mente solo reproducía esa imagen tan sensual.
Bajé la vista mirando a la dura silueta que se marcaba en mi pantalón.
Era casi imposible esconder el enorme bulto.
En mis sentidos aún flotaba la insolente lavanda, enloqueciéndome. ¡¿Por qué, por qué?!
Es solo una mujer masturbándose, nada que no haya visto antes.
Además, no es cualquier mujer, sino la que me obligó a permanecer a su lado todos estos años por un vil chantaje.
Cerré la túnica con fuerza para tapar mi deseo, abotonándomela al frente.
Observé la puerta por última vez y caminé de regreso al comedor intentando recomponerme.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...