KATHERINE
— Solo estoy dando una vuelta para ver las instalaciones, lo puede hacer sola, se puede retirar —le respondí con firmeza, aunque por dentro mi el corazón me palpitaba acelerado.
—Insisto, no debería…
—¿Quién eres tú para decirle a la Duquesa dónde o no debe estar dentro de sus propias tierras? —la voz autoritaria del Duque me hizo dar un suspiro de alivio.
Ya me estaba preparando para gritarle a todo pulmón.
—Duque… señoría, yo no, solo la intentaba ayudar… —el hombre se giró, bajando la cabeza y su postura de matón.
—Nadie pidió tu ayuda, y no me gustó para nada tu forma con mi esposa. Sr. Philip, saque a este hombre de las cosechas —ordenó implacable.
Se veía molesto, su aura amenazante nos hacía temblar a todos.
—Sí, sí, señor —el contador sacó un pañuelo para secarse la frente.
El jornalero no dijo nada. Iba a salir con la cabeza baja, pero lo detuve.
—¡Espera! Antes de marcharte, mueve estas pacas. Quiero ver qué hay detrás y debajo —le ordené fríamente.
Vi cómo se tensaba y observé los ojos algo erráticos del administrador.
—Señoría, solo hay una pared detrás. ¿Qué podría guardarse en el establo del burro? — el encargado me dijo con una sonrisa nerviosa, intentando ser amigable conmigo.
—Haz lo que la Duquesa te ordenó. Saca todo ese heno —el Duque le rugió, imponiéndose—. Rossella, ven a mi lado.
Me llamó, y ambos salimos del estrecho corral sin dejar de observar lo que hacía el hombre despejando las pacas.
—¿Encontraste algo? —el aliento caliente del Duque sopló en mi oído, trayéndome escalofríos a la nuca.
—Aún no, solo algunas sospechas —le respondí girando mi rostro hacia él.
Nos quedamos unos segundos observándonos de cerca, azul con marrón.
El Duque fue el primero en apartar la vista y se concentró de nuevo en la evacuación del corral.
—Está listo —dijo el hombretón jornalero, sacudiéndose las manos.
Entonces caminé hacia el interior del corral despejado, escuchando los balbuceos del administrador a mi espalda.
—Señor, ¿puedo saber qué buscamos exactamente? He trabajado muchos años para usted y, antes, para su padre. Si hay algún problema…
—Espero que por su bien no haya ningún problema —el Duque le advirtió.
Sentí sus pasos y su presencia llenando el estrecho sitio.
Me remangué un poco el vestido para no llenarlo de desperdicios y examiné donde estaba el heno.
La pared, en realidad, solo tenía suciedad y manchas amarillentas de la humedad, pero nada más.
Tampoco es que hubiese mucho donde buscar.
Miré al techo: nada, ni una ventana que diera a este lado. ¡El suelo!
Comencé a taconear por encima de todas las tablas de madera.
Su señoría comprendió enseguida e incluso se inclinó a mirar más de cerca, verificando que ningún tablón estuviese suelto, alguna trampilla, algo… pero nada.
Fruncí el ceño, molesta y decepcionada.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...