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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 319

KATHERINE

—Ay, por todos los cielos, lo lamento, lo lamento —me saqué el pañuelo del bolsillo interno del vestido y me levanté un poco, inclinándome hacia delante, apoyando una mano entre sus piernas abiertas.

Empecé a secarle las manchas en la camisa, tirando de los botones, bajando por su abdomen.

—Creo que es mejor que se cambie, maldit4 sea, qué torpe soy…

—Está bien, Rossella, no tiene importancia…

—No, no, déjeme al menos secarlo —continuaba descendiendo. El vino había rodado.

Estaba ansiosa; no me di cuenta de mi error hasta que mi mano acarició una dureza.

Abrí los ojos como platos al percatarme de que casi le saco brillo a la bragueta del Duque, donde una erección comenzaba a formarse.

—Yo… —subí la mirada.

Estábamos tan cerca, prácticamente yo encima de él. Respiraba pesado y profundamente, como si me olfateara.

Sus ojos, esos ojos que me parecían tan salvajes y hermosos, me observaban fijos, depredadores.

Tragué saliva y mi mirada bajó a sus labios, tan masculinos y besables.

Era solo inclinarme un poco más para probar la boca del Duque. Debería saber a vino y frutos, deliciosa…

De repente cambió. Su expresión se endureció, contradicciones y tormentas dentro de sus hermosos orbes.

—Te dije que estoy bien. Regresa a tu puesto —me tomó de los hombros y me obligó a sentarme.

Ambos incómodos. El Duque carraspeó y se cerró la túnica oscura, ocultando el bulto, sin importar las manchas de la bebida.

¿No se excitó viéndome desnuda y lo hizo por toquetearlo con un pañuelo?

Este hombre se volvía un enigma cada vez más difícil para mi.

—Dime, dime qué descubriste para dar ese alarido de loca —me preguntó finalmente, y recordé el porqué de mi alegría.

—Esas personas ocultan algo, le roban, estoy segura. Solo me equivoqué de corral. El escondite debería estar en el suelo del corral contiguo —le dije mi conclusión.

—Explícate —me pidió interesado.

—Entré a los dos corrales. En el primero, donde supuestamente habitaba ese burro, solo había un poquito de estiércol y era muy fresco. En el otro había mucho estiércol arrinconado, y tampoco era tan antiguo como de semanas; de serlo, estaría más seco.

—Vaya, veo que sabes mucho de desechos animales.

—Búrlese, pero ahí está el detalle. Si el otro burro murió hace rato, ¿de dónde salió tanto estiércol arrinconado? Y lo otro, cuando el jornalero intentó meter al animal en ese lado, el burrito por instinto se dirigía al corral que revisamos. ¿Por qué cree que fue?

El Duque me miró pensativo.

Ahora su expresión era más seria; solo le bastaron unos segundos para darse cuenta.

—Ese animal solía ocupar el lugar que revisamos, por eso había más desechos de estiércol y él iba a meterse a descansar ahí —me respondió. Hombre listo.

—¡Exacto! —exclamé, apuntándolo con un dedo.

—Duque, alguien le avisó a ese hombre que usted venía de inspección “sorpresa”. Cambiaron al animal para el corral donde esconden el grano robado y dejaron el otro liberado y más sospechoso. ¿Quién iba a imaginarse que debajo del burro está el subterráneo secreto?

318. ATAQUE SORPRESA 1

318. ATAQUE SORPRESA 2

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