KATHERINE
Intenté arrastrarme de regreso a la protección del bosque con un último aliento desesperado.
—¡Aahh! —grité por el aguijón punzante cuando la suela de su zapato presionó sobre mis manos atadas con una cuerda.
Sentí cómo todos los huesillos de los dedos traqueaban a punto de la fractura.
—¡AUXILIO, ELLIOT, ALGUIEN... AUXILIO!
—¡Cierra el pico, maldición, ya me hartaste!
—¡Mejor elimínela de una vez! El jefe dijo…
—¡Cállate y no me digas lo que tengo que hacer! ¡Ven acá, habla de una vez o morirás perra!
Me tomó esta vez de las manos unidas, como una muñeca de trapo.
Jadeaba pesadamente, las lágrimas empañaban mis ojos.
Intenté luchar, sin mucha fuerza. El filo helado de la punta de un puñal se pegó a mi cuello.
—Dime de una vez, ¿quién te dijo que robábamos? ¿Trabajas para otra persona y nos quieres joder los negocios? ¡Habla!
—Vete al demonio… maldito cabrón —le escupí a la cara, suspendida de rodillas.
La sangre y la saliva salpicaron su expresión mortal.
“Lo lamento, hija, lo lamento tanto”, sollocé en mi interior.
Sabía muy bien que me asesinaría para acallarme, le dijera lo que quería escuchar o no.
Además, yo no trabajaba para nadie, ni siquiera entendía lo que estaba sucediendo...
—Tú solita te lo has buscado, Duquesita de mierd4.
Sentí el momento en que apretó el mango del puñal, con firmeza, sería un corte limpio y rápido.
Cerré los ojos esperando, solo lamentando que dejaría sola a mi hija.
En el momento de la muerte, con la oscuridad como testigo y apenas la escasa luz de la luna que se colaba a través de las nubes de tormenta, el galopar de un caballo se escuchó en mis oídos.
¿Estaría soñando? Debería ser.
—¡Es el Duque!
—¡Maldit4 sea!
Abrí los ojos de golpe cuando la presión cedió.
Lo miré como en cámara lenta, salido de la bruma medianoche, entre los árboles retorcidos del bosque, un corcel blanco con un hombre indomable encima.
Solo fue un segundo, solo un pestañeo, antes de que el filo cortara mi garganta.
El corcel veloz pasó por detrás de mi atacante.
La sangre caliente salpicó como una regadera todo mi rostro y cuello, mi ropa.
Miré hacia arriba con terror para ver la mitad del rostro del jornalero deslizarse hacia abajo, cortada la cabeza a la mitad, dejando los sesos al aire.
Sus ojos aún mostraban una expresión aterrorizada de cuando la espada del Duque le dio fin a su vida.
El cadáver cayó delante de mí con un golpe seco.
Miré al enorme pelinegro bajarse del caballo como un ágil depredador y abalanzarse hacia los otros dos hombres.
No les dio tiempo de escapar; cooperaron entonces para luchar.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...