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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 322

ELLIOT

—¡ROSELLA! —rugí aún con más premura, una premonición siniestra asaltando mis sentidos.

Corrí hacia donde la olía y luego… ese aroma a hierro, intenso y asfixiante.

Antes de llegar, la vi salir de la sombra de los árboles, su piel pálida, sus labios temblorosos, el cabello todo revuelto.

Bajé los ojos, impactado.

Sus manos… sus manos se apretaban sobre la empuñadura de un arma que se hundía en su pecho.

—¡NOOOO! —rugí corriendo hacia ella.

Intentaba dar pasos hacia mí, tambaleante, tropezó y se fue hacia adelante.

La atrapé en el aire entre mis brazos; la temperatura fría de su piel atenazaba mis miedos.

La cargué enseguida, temía tocarla en el pecho, sentía que su vida se escapaba en cada respiración.

Me senté en el suelo, cerca del precipicio, de espaldas al bosque.

—No, no, Rosella, no puedes hacerme esto, ¡no puedes! ¡Maldición! —mis dedos fueron a esa infame arma.

¿Cuándo sucedió esto? ¿Cómo pude descuidarme tanto?

—Lo… lamento…

—No hables, no hables, pequeña, maldit4 sea no, no… —me incliné sobre su rostro sucio, las lágrimas saladas mojaron mi piel, apreté los ojos, desesperado.

Tantas veces que le deseé la muerte y ahora que la tenía entre mis brazos agonizando, a punto de ser liberado de sus cadenas, me rehusaba con todo mi ser.

Sentía que moriría con ella, algo dentro de mí luchaba más que nunca por salir.

Mi mente explotó con un dolor punzante.

“Alimenta a mi hembra… alimenta a mi hembra… sangre… sangre… mi sangre…” una voz de ultratumba, enojada, rugía una y otra vez en mi cerebro.

Sabía que era mi lobo interior, lo sabía, solo que no tenía los conocimientos para liberarlo, nadie me enseñó, y ahora lo necesitaba más que nunca.

—Rossella, Rossella, mírame, nena, mírame, no cierres los ojos. ¡No te atrevas a cerrarlos! —su mano cayó inerte sobre la hierba, sus párpados bajaron por completo.

Tenía que salvarla como fuera.

Tomé los riesgos, incluso de que alguien me viera, seguí mis instintos.

Mis caninos se alargaron en mi boca, me rasgué las venas de la muñeca y enseguida el poderoso líquido vital fluyó.

Abrí su boca con la otra mano, obligándola con los dedos hundidos en su barbilla.

Llevé la “medicina” hasta sus labios pálidos.

—Bebe, Rosella, vamos, Duquesa, ¿no dices que me amas, que me obedecerás en todo? Te ordeno que vivas, tu Duque te ordena que vivas…

Pegué mi frente a la suya.

321. TOMA DE MI VIDA 1

321. TOMA DE MI VIDA 2

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