KATHERINE
—Shhh —se lleva el dedo a sus labios en señal de que me calle.
Enseguida pongo un punto en mi boca, el Duque cierra la puerta y se acerca, su ceño fruncido, mirándome hacia el pecho.
Lo veo sentarse en el borde de la cama, tantas memorias revueltas, tantas ganas de hacerle miles de preguntas.
Se inclina hacia mí, me estremezco ante la cercanía, su voz baja y grave se vierte en mi oído.
—No me llames por mi título aquí, no pueden saber nuestra identidad, solo somos un matrimonio que fue asaltado por bandidos en el camino —me susurra y trago, asintiendo.
Se incorpora un poco, sus ojos azules demasiado cerca.
Me pongo algo nerviosa, no solo por su proximidad, sino por el hecho de que quizás hice algo raro para sanarme.
¿El Duque se habrá dado cuenta de mi magia?
No debe ser, si no estaría atándome a un árbol y prendiéndome fuego como una antorcha.
—Yo… gracias por salvarme, Du… digo, E… Elliot —saboreo su nombre que se siente raro entre mis labios, pero a la vez muy agradable.
—¿Cómo te encuentras? ¿Duele mucho tu herida? —baja la mirada y sus dedos van hacia mi bata, pero se detiene a milímetros de los botones con claras intenciones de abrirme la ropa.
Duda y luego regresa las manos a su sitio.
Ahora que lo pienso, ¿quién me limpió y cambió?
—¿Me cambió de ropa… digo, me cambiaste?
—Sí, estabas llena de sangre, te limpié por encima, la señora de la casa me dio esa ropa para ti —me explica.
La atmósfera entre ambos está un poco tensa y ambigua.
—Elliot, ¿qué sucedió exactamente? —le pregunto sin poder aguantar más la incertidumbre.
Me observa con ojos complicados.
Me dice que fuimos atacados y me llevaron secuestrada, eso lo recuerdo.
Luego fui herida, pero no era tan grave como parecía, solo algo superficial.
Llevo la mano a mi pecho, juraría que sí fue bien grave, un puñal a punto de perforar mi corazón, pero no lo voy a contradecir, es mejor que piense así y no que estoy viva por algo raro.
—Elliot, la persona que me atacó iba encapuchada, pero el hombre al que asesinaste era el jornalero de aquel silo —mi ceño se frunce, intento forzarme a recordar los detalles.
—. Me preguntaba para quién trabajaba, cómo supe que robaban, lo cual confirma que te están hurtando.
Él se queda pensativo.
—Parece mucho más serio que un simple robo de granos. Los hombres que nos atacaron estaban bien entrenados, no como jornaleros. Además, atreverse a hacerme eso en mis propias tierras…
Veo sus pupilas contrayéndose peligrosamente.
—¿Por qué saliste del carruaje? Si sentiste el peligro, debiste intentar buscarme. Nunca me alejé tanto.
—Me halaron por debajo, no me advertiste de que había una trampilla oculta en el suelo —le expliqué.
Su expresión cambia a más turbulenta y amenazante.
—No lo sabía tampoco —confiesa—. Ese carruaje es relativamente nuevo, y el responsable de haberlo mandado a hacer… es mi mayordomo.
Tomo una inspiración.
O sea, el Sr. Wallace es un gruñón, pero también un lamebotas del Duque.
Nunca me imaginé que fuera el responsable de esta traición tan grave.
—Bueno, él sabía que veníamos de inspección. También me escuchó hablando de las escaramuzas de los jornaleros, pero hay algo que no encaja —me recuesto al respaldar, analizando los hechos.
—. ¿Por qué lo atacarían a usted? Digo, al Sr. Wallace no le conviene que le pase nada o pierde su puesto, a menos que le hayan prometido una posición mejor, no sé… — lo miro interrogante.
—Pienso que no querían hacerme daño a mí, sino a ti, solo que las cosas se le salieron un poco de las manos —me responde.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...