ELLIOT
Escucharla tan cachonda era música para mis oídos, su espalda arqueándose contra mi cuerpo.
Presioné ese botoncito que la hacía estremecerse de placer.
Jugué un poco con él, masajeándolo entre mis dedos, dándole suaves vueltas como hacía a la vez con su pezón.
La palma de mi mano, abierta, bajó acariciando arriba y abajo su descarada vulva.
A pesar de la humedad del agua, algo muy viscoso y denso se escurría desde su interior.
Separé los labios y tenté la diminuta entrada.
Escuchaba la respiración acelerada bajo su pecho, su corazón golpeando salvajemente.
Tan viva, tan mía, tan sensual, esta mujer me pertenecía.
—Aaahh… —el gemido ronco inundó las paredes del baño al penetrarla con un dedo, fundiéndome en el horno caliente entre sus labios vaginales.
Lo metí y lo saqué, ganando terreno en cada embestida, hasta que mis nudillos comenzaron a chocar contra su coño excitado.
Rossella se retorcía entre mis brazos, empinando las nalgas hacia atrás y masajeando mi dura vara enrojecida e hinchada, solo por estos preliminares.
Bajé mi boca y gruñí en su oído, chupando la curva de su cuello.
Apreté su seno deliciosamente; mis caderas comenzaron a menearse hacia delante, buscando la enloquecedora fricción contra sus suaves nalgas.
El agua salpicaba por fuera del borde debido a nuestros movimientos vigorosos.
Penetré otro dedo y me cogí su vagina con fuerza, profundo, haciendo gancho, buscando ese lugar que la volvería más loquita de placer.
Cuando la sentí temblar por completo, supe que había dado con su punto dulce.
Lo atormenté, una y otra vez, nuestros cuerpos prendidos en llamas, idos en la pasión sofocante entre bruma y espuma.
—Elliot, así… ah, justo ahí, mi Duque… ah, ah, ah, me vengo… —comenzó a gemir alto, meneándose contra mi mano que la masturbaba deliciosamente.
Agarré su cabello y la hice girar la cabeza a un lado, mientras yo me inclinaba hacia su boca.
Nos encontramos en un beso feroz, depredador.
Me comí sus labios y chupé su lengua, me tragué el vibrante gemido que salió de su garganta al venirse tan rico.
Los pliegues engullían mis dedos, se movían tragándome desesperados.
El jugo bajaba, fundiéndose con el agua.
Rossella temblaba por completo, sus músculos rígidos, sus uñas encajadas en mi brazo.
Su olor… Diosa de los sobrenaturales, gracias por esta nariz tan sensible.
Joder, olía a orgasmo embotellado en lavanda.
Cuando nos separamos sudando, observé con los ojos entrecerrados sus labios jadeantes a solo milímetros de los míos.
Nunca la había besado y no sabía la delicia que me estaba perdiendo.
—¿Satisfecha con el baño, Duquesa? —pregunté ronco y algo burlón, saboreando el suave gemido que soltó cuando al fin saqué lentamente los dedos de su vulva.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...