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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 327

ELLIOT

Me quedé de pie, observándola con la cabeza baja. La niebla del pequeño baño nos envolvía, calentándonos.

Sus suaves manos comenzaron a tirar torpemente de mis botones.

Todos estos años teniendo a esta mujer a mi lado y nunca me había ahogado en este deseo ardiente que me está consumiendo.

Abrió mi camisa y la bajó con suavidad por mis fuertes hombros, dejándola caer al suelo.

La mirada intensa de sus ojos devoraba mi pecho.

Sus dedos comenzaron a acariciarme con algo de timidez, delimitando mi piel sudada por el calor.

Gemí ronco al sentirla bajar por mi abdomen contraído.

El olor a lujuria que desprendía su coño me estaba enloqueciendo.

Estaba excitada, muy excitada, y por primera vez me gustó demasiado ser atractivo para ella.

—Mmm —pasé la punta de la lengua por los caninos que picaban.

Debía controlarme para no mostrar nada de mi lobo, pero su exploración curiosa sobre la silueta endurecida de mi verga me estaba sacando de quicio.

—Ábreme la bragueta de una maldit4 vez —gruñí bajo, pegándome más a ella.

Si ya me había llevado a estos extremos, entonces tendría que asumir las consecuencias.

La vi separar la mano de su pecho y apartarse un poco para dejar el vendaje sobre los ganchos.

Me preocupé por un instante; no quería lastimarla.

—Déjame verte la herida un momento —la tomé de la mano y la hice girarse de nuevo hacia mí.

Por todos los cielos, siento que me puede sacar un ojo con esas tetas tan paradas.

Rebotaban a la mínima sacudida y mi boca moría por chupárselas.

Tragué y tragué, con la respiración descontrolada.

Creo que la falta de sexo desde hace tiempo también estaba jugando en mi contra.

—Estoy bien, no se ve la herida. Me puse una ventosa de esas que me dio la señora Nora —habló en voz baja, dando de nuevo algunos pasos hacia mí.

Un círculo blanco se adhería a la piel sobre el esternón, en el inicio de sus senos.

Mejor que siguiera pensando que se estaba curando por ella misma.

—Entonces, apurémonos, antes de que se enfríe el agua —me dijo susurrando. La volví a dejar que me quitara el pantalón.

Los botones fueron abiertos, y cuando tiró hacia abajo, mi polla dura y parada salió dando un brinco.

La cabeza enrojecida y mojada de presemen solo por este jueguito, tenía las venas hinchadas de deseo.

Me quedé mirándola fijamente para ver su reacción a mi desnudez descarada.

No me decepcionaron sus ojos brillosos, llenos de brumas de lujuria, su jadeo sensual.

Inconscientemente, sacó la punta de la lengua y lamió el regordete labio superior sin dejar de comerme el pene con los ojos.

Mmm, su boca mamándome… Sshhh, mierd4, este baño va a ser una tortura o una delicia.

—Ven, métete en la tina —mi voz salió autoritaria y salvaje.

La tomé de la mano y la ayudé a sumergirse.

Subió una pierna sobre el borde, luego la otra y al final se sentó, sumergiéndose en el agua hasta sus senos, sin cubrir la supuesta herida.

La tina no era muy grande que digamos.

Con las rodillas pegadas al pecho, se inclinó hacia adelante, haciéndome espacio.

Me colé detrás de Rosella y me acomodé, esparciendo un poco de agua al exterior.

Con las piernas abiertas, rozando las paredes de madera, halé sus caderas para encajar mi miembro entre sus nalgas, su espalda contra mi pecho.

El perfume a lavanda mareaba mis sentidos y subía mi líbido.

Maldit4 sea, sabía que cuando llegase al frente lo menos que haría sería limpiarla de verdad.

Moría por manosearle las tetas y algo más abajo.

—Elliot, creo que me vas a sacar brillo en la espalda. ¿Por qué… no pasas ya al frente? —me pidió pegándose más contra mí, gimiendo bajo al rozarse contra mi virilidad.

Me estaba sacando de quicio, y lo sabía muy bien.

Sus brazos se abrieron un poco, apoyando las manos en el borde de la tina.

Pasé los míos por debajo de sus axilas y pegué la esponja contra su seno derecho.

Ella se recargó por completo contra mí, mi espalda chocando con la pared de madera.

Comencé a pasarle la esponja con la mayor delicadeza que pude, cuidando también de no lastimarle la supuesta herida grave.

—Mmm, no, Elliot, es muy dura la esponja, me lastima. Tú… pásame mejor las manos — sus palabras eran lascivas tentaciones que se filtraban por mis oídos, las gotas de su cabello caían sobre mi piel.

¿Rossella cuándo aprendiste a ser tan descarada y seductora?

Dejé la esponja a un lado. Mis dos manos fueron directas a acariciar sus senos.

La espuma resbalosa me ayudaba a moverme en círculos, a explorar la increíble suavidad bajo mis dedos.

—Sshhhh, mmmm… —comenzó a gemir, y yo a jadear en su oído como un lobo cachondo.

Esas dos voluminosas montañas de tierna carne, que apenas cabían en mis manos, las comencé a apretar y amasar como un pan.

Entre mis dedos se filtraban los duros pezones; los moví en círculos, apretándolos entre las yemas de mis dedos, pellizcándolos sensualmente.

Mi boca fue a su oreja sonrojada. Saqué la lengua para lamer toda la concha y luego chuparle el lóbulo.

— Mmm, Elliot… más… más abajo —Rossella tomó mi mano derecha con la suya.

Podía sentir sus muslos pegados contra los míos, completamente abierta bajo el agua.

Su sexy vientre cosquilleó bajo mi mano y luego me guió entre sus piernas, dando un largo gemido cuando mis dedos se posaron sobre su clítoris.

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