Entrar Via

El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 329

ELLIOT

Rossella bajó la cabeza, tosiendo un poco y jadeando de prisa. Creo que se me fue la mano.

—Déjame ver, ¿te lastimé? Espera, Rossella, no, no te levantes, yo me agacho… —la quise detener cuando se agarró a mis piernas y comenzó a levantarse.

Se limpió los labios hinchados con la mano. Fui enseguida a revisar si estaba herida.

—Yo… perdí el control, no…

—Está bien —tomó mi dedo, que acariciaba su barbilla, y lo lamió sin dejar de observarme de una manera que hacía vibrar cada centímetro de mi cuerpo.

Su voz gutural, por el uso que le estaba dando a su garganta ahora mismo, me encendió aún más.

—. Elliot, yo… te pedí que pararas porque…

Dio otro paso hacia adelante; estaba atrapado contra el borde de la bañera.

—Quiero que te corras en este sitio —tomó mi polla con su mano y la coló entre sus piernas.

Por la diferencia de alturas, solo la punta rozó la resbalosa hendidura, pero eso bastó para hacernos sisear ambos de placer.

—¿Te molestaría si te pido que me llenes con tu semilla?

“Mmmm, deja de hablarme así, con ese tono de meretriz que me tiene con las bolas moradas.”

—Rosella…

—Dime Duquesa, a mí me encanta mi título. Dime… mi Duquesa —arrastra las palabras entre jadeos.

Siento que estoy perdiendo el control con esta mujer.

La agarro por la nuca posesivamente y la pego íntimamente a mí, nuestros labios acariciándose, gimiéndose de cerca, sudando agitados.

Mi otra mano baja a sus nalgas y se las aprieto salvaje.

Su pelvis meneándose eróticamente contra la mía, su mano sigue entre ambos, guiando mi miembro entre sus piernas, empujándolo contra sus labios vaginales.

El clítoris palpita cabalgando mi dura hombría.

Solo roces, maldición.

Estamos follándonos de pie, solo con besos apasionados, caricias y el roce de nuestros genitales, sin penetración, y se siente tan rico, tan morboso.

—Aahhh —me gime en la cara cuando el glande se cuela al fin en la vagina, empujado por sus dedos.

Solo el inicio del eje, solo una probada de la miel de su apretada feminidad.

—Ssshhh, Duquesa… mmmm, mi Duquesa… sshhhh… abre más las piernas, quiero follarme tu coño cachondo ahora. Joder, no aguanto más, necesito montarte… sshhh, eres mía… ¡MÍA!

Confiesa una voz de bestia dentro de mí, moviéndome vigoroso hacia delante, buscando penetrarla más profundo, besando y mordisqueando su cuello, pegándola desesperado a mí.

—Elliot, tómate… mmm, siéntate en la tina… aaahhh, siéntate, quiero cabalgarte… mmm … tan dura…

Comienza a empujarme por el pecho, ansiosa, excitada, dispuesta a darme lo que deseo.

Pero algo está mal, muy mal. No puedo controlarme, no puedo…

La idea de saber que la voy a tomar, que voy a consumar, descontrola mi líbido.

Subo mis manos por detrás de su espalda. ¡No, no, no…! Enormes garras negras han crecido desde mis uñas.

Escondo mi rostro en el hueco de su cuello para que no me vea, los caninos alargándose como una bestia.

Salí cerrándome los botones, viendo cómo metía de nuevo al monstruo casi púrpura dentro de mis pantalones.

Abrí la puerta y la cerré con un golpe seco, escapando con pasos apresurados hacia la cerca del fondo del patio.

La salté con agilidad, a pura fuerza bruta, y me interné en el bosque, descalzo, como un salvaje primitivo, respirando pesado, dejando que la fría brisa me bajara un poco este calor que me ahogaba, mientras corría perdiéndome entre la oscuridad de la noche.

Maldit4 sea, me siento como un cabrón al dejarla así.

Pero ella no puede descubrirme, estoy casi seguro de que no lo sabe.

Rosella no sabe mi secreto, que soy un hombre lobo, descendiente de un hombre lobo y una elemental.

Me gusta demasiado, no sé por qué, pero esta mujer no parece ser la Rosella con la que me casé, aunque luzca igual.

Esta nueva versión me enloquece como nunca, me encanta como ninguna otra mujer en mi vida, y eso es peligroso.

Estoy jugando con un fuego letal y no confío…

No confío aún en ella.

*****

KATHERINE

¡QUÉ CARAJOS ACABA DE PASAR!

O sea, estaba ahí con el chorizo ya dentro del pan, y este maldito Duque se atreve a dejarme con la baba afuera y muerta de hambre.

¡ESO NO SE HACE, CABRONAZO!

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación