ELLIOT
Rossella bajó la cabeza, tosiendo un poco y jadeando de prisa. Creo que se me fue la mano.
—Déjame ver, ¿te lastimé? Espera, Rossella, no, no te levantes, yo me agacho… —la quise detener cuando se agarró a mis piernas y comenzó a levantarse.
Se limpió los labios hinchados con la mano. Fui enseguida a revisar si estaba herida.
—Yo… perdí el control, no…
—Está bien —tomó mi dedo, que acariciaba su barbilla, y lo lamió sin dejar de observarme de una manera que hacía vibrar cada centímetro de mi cuerpo.
Su voz gutural, por el uso que le estaba dando a su garganta ahora mismo, me encendió aún más.
—. Elliot, yo… te pedí que pararas porque…
Dio otro paso hacia adelante; estaba atrapado contra el borde de la bañera.
—Quiero que te corras en este sitio —tomó mi polla con su mano y la coló entre sus piernas.
Por la diferencia de alturas, solo la punta rozó la resbalosa hendidura, pero eso bastó para hacernos sisear ambos de placer.
—¿Te molestaría si te pido que me llenes con tu semilla?
“Mmmm, deja de hablarme así, con ese tono de meretriz que me tiene con las bolas moradas.”
—Rosella…
—Dime Duquesa, a mí me encanta mi título. Dime… mi Duquesa —arrastra las palabras entre jadeos.
Siento que estoy perdiendo el control con esta mujer.
La agarro por la nuca posesivamente y la pego íntimamente a mí, nuestros labios acariciándose, gimiéndose de cerca, sudando agitados.
Mi otra mano baja a sus nalgas y se las aprieto salvaje.
Su pelvis meneándose eróticamente contra la mía, su mano sigue entre ambos, guiando mi miembro entre sus piernas, empujándolo contra sus labios vaginales.
El clítoris palpita cabalgando mi dura hombría.
Solo roces, maldición.
Estamos follándonos de pie, solo con besos apasionados, caricias y el roce de nuestros genitales, sin penetración, y se siente tan rico, tan morboso.
—Aahhh —me gime en la cara cuando el glande se cuela al fin en la vagina, empujado por sus dedos.
Solo el inicio del eje, solo una probada de la miel de su apretada feminidad.
—Ssshhh, Duquesa… mmmm, mi Duquesa… sshhhh… abre más las piernas, quiero follarme tu coño cachondo ahora. Joder, no aguanto más, necesito montarte… sshhh, eres mía… ¡MÍA!
Confiesa una voz de bestia dentro de mí, moviéndome vigoroso hacia delante, buscando penetrarla más profundo, besando y mordisqueando su cuello, pegándola desesperado a mí.
—Elliot, tómate… mmm, siéntate en la tina… aaahhh, siéntate, quiero cabalgarte… mmm … tan dura…
Comienza a empujarme por el pecho, ansiosa, excitada, dispuesta a darme lo que deseo.
Pero algo está mal, muy mal. No puedo controlarme, no puedo…
La idea de saber que la voy a tomar, que voy a consumar, descontrola mi líbido.
Subo mis manos por detrás de su espalda. ¡No, no, no…! Enormes garras negras han crecido desde mis uñas.
Escondo mi rostro en el hueco de su cuello para que no me vea, los caninos alargándose como una bestia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...