NARRADORA
—Rápido, con esta barca cruzan el tramo este del río y vas a llegar a la aldea vecina. Busca a Joaquín, en la única posada que hay. Debe de estar al salir su caravana de comercio. Dile que vas a mi nombre…
Aldo le daba instrucciones apresuradas mientras desataban los nudos de las amarras y se preparaban para empujar el pequeño bote por la rampa hasta el agua.
Amparados dentro de la vieja caseta del embarcadero, Katherine los miraba nerviosa, a penas bajando un poco las revoluciones de su respiración acelerada por la carrera suicida.
Por todos los cielos, estos hombres no parecían que llevaban más de media hora corriendo como perros locos por el bosque y ella estaba a punto de escupir los pulmones.
Y eso que llevaba sangre de ser sobrenatural, que si no…
—Empujemos. —Con un golpe seco y el chapoteo del agua, la barca cayó sobre los límites del río.
Solo faltaba darle el empujoncito para que descendiera por la rampa.
Katherine fue a ayudarlos; entre los tres sería más rápido.
De repente, Elliot a su lado se quedó rígido.
Miró a su espalda, a la entrada oscura del anticuado embarcadero, y sin previo aviso la tomó de la muñeca y la empujó hacia una esquina oscura donde había unos barriles.
—¡¿Quién está ahí?!
A la vez se escuchó la voz enojada de un hombre y la lucecita de una antorcha en la mano de un señor mayor que entraba con cara de pocos amigos.
—Tranquilo, es aliado —Aldo aclaró dando un suspiro.
Todos tensos y ansiosos, la atmósfera estancada.
—Viejo, soy yo… —le dijo y se acercó a hablar en voz baja con el hombre.
Katherine hizo por salir de su escondite en cuclillas detrás de los barriles, pero sus ojos se cruzaron con los de Elliot en medio de la escasa luz y este le hizo una señal de “no” sutilmente.
Continuó escondida, hasta que después de unos minutos Aldo se acercó a ellos.
—No teman, ya negocié. Es el barquero. Él los llevará a salvo hasta la otra orilla —le dijo en voz baja a Elliot, pero Katherine los escuchaba.
—¿Pero te pidió un pago? ¿Cómo le vas a dar más de tu grano?
—Es tontería, solo apenas un poco…
—No, toma esto, igual te lo iba a dar por nuestros gastos. —Elliot se sacó del bolsillo interno un anillo macizo de oro con una piedra de rubí.
Era muy valioso y se podía vender por una pequeña fortuna en monedas de oro.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...