NARRADORA
Incluso lo observó de arriba a abajo, deteniéndose fijamente en su bragueta.
Elliot la miró con incredulidad para luego comenzar a reír a carcajadas, llamando un poco la atención.
Katherine sonrió con disimulo.
Nunca lo había visto reírse así; se veía tan sexy, sin ese aire gruñón y superior.
Así que el hombre de hielo también tenía buen humor de vez en cuando.
Elliot tosió un poco, controlando su desliz.
Era tan ocurrente, un soplo de aire fresco en su vida llena de secretos y temores.
Ella misma no se daba cuenta de cómo cada día iba saliéndose más y más de su papel de Rossella.
La verdadera Duquesa era una mujer remilgada, llena de complejos, rígida, no como esta nueva Duquesa que lo tenía encantado con su sensualidad y viveza.
Deseaba decirle que moría por hacerle el amor como nunca antes pensó, pero la sombra de lo que había sucedido ayer todavía lo acechaba.
¿Y si perdía de nuevo el control con ella?
¿Si le hacía daño y era descubierto?
Abrió la boca para darle una respuesta seductora y luego la cerró con frustración.
El conductor arreó el caballo y la caravana se puso en marcha.
Su carreta era la última de todas, y avanzó dando bamboleos por los caminos, en medio de los sembrados y el campo, pasando por los límites de las aldeas.
Se quedaron ambos en silencio.
Elliot estiró su mano y tomó la más pequeña de su esposa en la suya, apretándola, acariciándola con un dedo perezoso, mientras observaba el cielo a lo lejos y el camino que se quedaba atrás.
“Si al menos supiera tus secretos, ¿quién eres, qué me ocultas, por qué te haces pasar por Rossella, por qué eres igual a ella?”
Si pudiese descubrir la verdad, tendría más confianza en exponerse ante ella.
Con un seguro en sus manos, se atrevería, secreto por secreto.
Elliot le dio tiempo al tiempo; esperaría su momento.
Mientras tanto, Katherine le daba una mirada agraviada.
Maldito Duque, la había calentado de nuevo.
Incluso lo provocó, y cuando creyó que le diría para consumar el matrimonio apenas llegaran al castillo, solo se quedó mirando los pajaritos.
A este paso, se tomarían la mano como virgencitos para siempre.
Esto no se quedaría así, lo había decidido.
Por las buenas o por las malas, aprendería lo que Nana le quería mostrar, lo embrujaría para follárselo y sacarle hasta la vida.
*****
¡BAM!
La puerta del despacho se abrió de golpe.
—¡Sr. Wallace, me llegó un reporte de que alguien vio a una mujer parecida a la Duquesa en la feria del mercado!
—¡¿QUÉ?! —Wallace se levantó de golpe del escritorio.
—. ¡Llama enseguida a Vittorio! Que alguien siga los pasos de esa mujer, pero Alonso, en silencio, con discreción, y solo tomen un pequeño grupo de guardias. No le digan a nadie más.
Bajó la voz, viendo al hombre irse enseguida, mientras miles de pensamientos le cruzaban la mente.
No podía dar a conocer que el Duque había dejado al Ducado.
De hecho, casi nadie conocía del accidente que sufrió.
Todo muy pacífico, parecía normal.
Hizo señas a los hombres a su espalda para que se prepararan.
Levantó la pierna y pateó salvajemente la vieja madera con la bota.
La puerta crujió abriéndose de golpe.
—¡¿Qué?!… ¡Sr. Wallace! —La Duquesa se levantó de su asiento, haciéndose la asombrada.
—¡Duquesa Rossella, es acusada de sospechosa por tenderle una trampa al Duque! ¡Ahora mismo será arrestada por la guardia de su señoría y llevada a las mazmorras negras para confesar! ¡¡¿DÓNDE ESTÁ EL DUQUE DE EVERHART?!! —Le rugió, dando un paso hacia ella, amenazante.
Rossella dio un paso atrás con ojos en “pánico”.
—Yo no… no… —balbuceó, pero su rostro de miedo cambió en un segundo a una expresión de burla.
— Aquí el único que será arrestado serás tú, rata traicionera. ¿O pensabas que habías encontrado al chivo expiatorio perfecto? ¡A mí no me vengas a echar las culpas de tus actos asquerosos!
—¡¿Cómo se atreve?! ¡Arresten de inmediato a esta traidora! ¡Guardias! ¡GUARDIAS! ¿¡ESTÁN SORDOS?!
El mayordomo se giró con incredulidad y rabia al ver que los hombres se mantenían de pie y sin dar un paso adelante.
Más bien lo estaban rodeando.
—¡¡Vittorio, qué diablos te sucede!! —miró al hombretón, de rostro intimidante y curtido en la batalla.
—Yo solo respondo al Señor Elliot Everhart Visconte, Duque de Everhart —Vittorio le habló con desprecio.
Wallace no entendía su mirada llena de decepción y desaprobación.
—¡El Duque no está aquí! ¡¿Acaso no ves que esta mujer es la principal sospechosa?!
—¿Quién dijo que el Duque no está aquí?
De repente, una voz grave y fría lo hizo quedarse rígido y mirar de nuevo hacia la espalda de la Duquesa, que le daba una mirada burlona de: “estás acabado”.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...