NARRADORA
“¡Canten más fuerte, parece que sufre!” Valeria pidió a sus Selenias.
El cuerpo descomunal de Drakkar levitaba en medio de un círculo de energía que se movía a toda velocidad.
Los rugidos de bestia parecían contener una ira atroz.
Dentro de su mente, Drakkar continuaba recibiendo memorias fragmentadas.
«—¡¿Por qué me hicieron esta injusticia?! ¡¿Por qué?!»
El Dios Bestia rugía encolerizado, aunque no… ya no se le podía decir Dios Bestia.
No solo lo despojaron de su poder, sino que su cuerpo divino cambió por completo.
Sus músculos se atrofiaron, su cabeza de lobo se transformó en una menos grotesca, su estatura descendió.
Sin su visión que atravesaba el mundo, sin sus oídos que escuchaban una gota caer a kilómetros…
Lo habían convertido en un ser básico, desprovisto de su energía sobrenatural… era un mortal elemental.
Solo había una deidad que podía obrar algo así: su Creador.
¿Fue castigado por bajar al continente de los mortales?
¿Por qué algo tan severo si otros también desobedecían?
¿Esto sería un escarmiento temporal?
Lykahel ni siquiera sospechaba de las mentiras que se habían tejido en su contra.
No importaba cuánto lo defendiera la Diosa Luna y algunos otros a su favor, se le aplicó la pena máxima.
Perdió su escaño como Dios Bestia y su inmortalidad.
Vagando por el continente que algún día miraba desde las alturas, descubrió que las cosas no eran tan sencillas.
Sí, había aquí algunos animales que hizo por capricho, pero solo los lanzó en un continente árido, castigado por el sol, sin agua y casi sin alimentos.
Bajo su regla de no intervenir y solo crear, descubrió que no había movido un dedo para hacerle la existencia más fácil a sus creaciones.
Escondido en una cueva, logró refugiarse de las frías noches y los depredadores.
Intentó hablarles, decirles que él fue quien los moldeó, que se merecía su respeto, pero solo recibió garras y fauces hambrientas.
Aquí sobrevivía el más fuerte, eran bestias sin “humanidad”, sin sentimientos, ni una mente despierta a la razón.
Desesperado, lo intentó todo; tuvo que cazarlos para poder comer, tomar agua de las charcas lodosas, hasta que un día, parecía que era su fin.
Lykahel lo comprendió después de tanto sufrimiento: esto no era temporal, era para siempre.
Acorralado contra la ladera de una montaña, varias hienas lo miraban con ojos amarillos codiciosos.
Él las enfrentó con una rama afilada en las manos; si moría sería con valentía, su corazón seguía siendo el de una deidad.
—¡Ya vengan a mí, animales malagradecidos! —les rugió con ira y tristeza, aunque sabía que solo buscaban subsistir… como él.
Saltaron a despedazarlo, cinco contra uno… era muy fácil predecir el resultado.
Pero cuando la sombra de la muerte se cernía sobre su cabeza, un borrón apareció en los ojos de Lykahel.
Una estela de blanco, plata y negro bajó en silencio desde la misma luna.
Si lograba ascender de nuevo, pediría a su “Padre” que creara un alma elemental noble y pura para que viviera dentro de Khalum y lo acompañara siempre.
Así como la Diosa Luna hacía sus experimentos, uno diferente y más loco en cada uno de sus continentes, él también haría evolucionar a sus bestias.
Se tomaría más en serio la vida de sus animales para desarrollarlos como una sociedad.
Khalum lo miró con melancolía a través de las llamas y salió esa noche a recibir el mensaje divino de la Diosa Selene.
Había encontrado la manera de ayudar al Dios Bestia para regresar a las alturas, pero exigía un gran sacrificio.
Otro ser sobrenatural poderoso debía cederle su energía vital desinteresadamente, un acto de pura bondad, de un corazón sin maldad ni impurezas.
¿Quién se quedaría sin nada para dárselo al gruñón del Dios caído?
—¡No, no, Khalum, no lo aceptaré! —Lykahel se negó al saberlo, sabía muy bien las consecuencias para su amigo.
Khalum se había convertido en un ser demasiado preciado para él.
“Lo haré aunque no quieras. Yo tengo la decisión” le dijo implacable y esperó la noche donde la luna nueva marcaba un nuevo ciclo de renacimiento.
Con la ayuda de Selene, aun a riesgo de ser también castigada, Khalum brilló en ondas de poder bestial, de la naturaleza.
Lykahel se paró en el círculo de runas que se activaban una a una en la cima de la colina desértica.
Sus ojos empañados miraban al indomable lobo que le cedía su poder entre cánticos femeninos que se susurraban en el aire.
Khalum le devolvía la magia ancestral que alguna vez le dio, y mientras el Dios Bestia se elevaba en el aire y trascendía a los planos astrales, sus ojos lloraron por segunda vez en su vida.
Jamás olvidaría el momento en que Khalum se fue petrificando y no quedó nada de su existencia vital.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...