NARRADORA
El Rey de los Hombres Bestias había venido con su ejército a apoyar lo que, según él, iba a ser una victoria aplastante de Edmund.
¡Puras patrañas!
No solo perdió ese maldito hechicero, sino que su gente se expuso como traidores y había encerrado a su Reina Zeraphina y todas las leonas.
Todo fue culpa de esas traidoras que ahora se marchaban con el ejército de Cedrick.
Parece que llegaron a salvo a pesar de que mandó a perseguirlas.
Hasta el Alfa Drakmor se veía entre ellos.
¡¿Cómo pudo perder esa magia poderosa?!
Lo que era peor: ¡los hombres lobo avanzaron a una criatura más fuerte!
¡¿Por qué solo ellos?! ¿Acaso no eran también bestias?
Llegaron cuando aun la energía poderosa flotaba en el aire, pero el líder león sintió un dolor intenso en el pecho y luego nada más.
El poder pasó de él y de cualquiera de los hombres bestias que lo habían acompañado.
¡¿Por qué siempre lo mejor tenía que ser para los malditos hombres lobo?!
Drakkar era quien tenía las respuestas en su mente, donde algunos recuerdos dispersos y confusos, comenzaron a unirse.
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(ADVERTENCIA: Lo que se relata a continuación es pura ficción. Todo el tema místico y de creación de estos mundos es ficticio, salido de mi mente y no debe confundirse con la realidad, mucho menos pretendo ofender las creencias religiosas de nadie. Recuerden: FICCIÓN, NO ES REAL, SERES INVENTADOS…)
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«— ¡Me niego a controlar la vida de los seres que creo!
Una voz vibrante y salvaje resonaba en una sala llena de luz, donde siluetas se sentaban en altos estrados.
No se podía ver la cara exacta de ninguno, solo formas rodeadas de auras poderosas tan divinas que era imposible mirarlos de frente.
— El Dios Bestia siempre estás en contra de todo.
—¡Nadie habló de controlar, solo tomar algunas decisiones por su bien! —las otras deidades le decían, pero él se mantuvo en sus trece.
De hecho, había una regla antigua de no intervenir directamente en la vida de los mortales, pero la mayoría de ellos la pasaban por alto.
—Tienes demasiado amor por tus creaciones, apuesto lo que sea a que te traicionarían si tuviesen la menor oportunidad.
Uno de los más elevados le habló con prepotencia, desde un escaño dorado y con temperaturas abrasadoras alrededor.
—Pues acepto la apuesta. Les demostraré que no necesito de la veneración por miedo de ninguna de mis criaturas.
La sala entró en un bullicio, pero al final no llegaron a ningún acuerdo, al menos, no frente a todos.
Bajar a los continentes, era algo que estaba estrictamente prohibido, pero las reglas se hacían para romperse, ¿no?
La deidad gigantesca, que prácticamente no pasaba por la puerta, salió de la instancia dando un portazo con fuerza.
Sus pasos retumbaban, su enorme cuerpo exudando el poder bestial en cada respiración.
Una sombra luminosa con forma de mujer destelló a su lado y pequeñas piernas colgaron sobre sus pectorales como colinas.
—Hermano Lykahel… no debiste aceptar esa apuesta solapada —susurró con voz etérea.
—. Tengo un mal presentimiento. Sabes lo tramposo que es Coa… y que Cyrion lo apoye es más que sospechoso.
Él gruñó, exhalando vapor denso por la nariz.
—Estoy harto de verlos jugar con el destino de los mortales. No puedo quedarme mirando mientras los someten como piezas de tablero.
Selene sonrió, divertida.
—Tampoco deberías intervenir tanto. Tienes un corazón demasiado grande para ser una bestia fría y despiadada.
Tanto los consintió, que pidió a su “Padre” el poder de otorgarles sabiduría y “humanidad” en los continentes bajo su mando.
Ella jugaba con sus tierras, experimentando todo tipo de locuras.
Khalum fue el primogénito, el inmortal, favorecido por los poderes de ellos dos: el Dios Bestia y la Diosa Luna.
—¡Khalum, ayúdame a crear mis lycans! Ensayaré la forma de guerra contigo, ¡te verás como el gruñón de tu creador! —le propuso, y él aceptó de inmediato.
Lo que fuera por verla feliz.
—¡Si funciona, luego puedo hacer evolucionar a mis otros lobitos poderosos de buen corazón!
—¡Selene, no te atrevas o voy a revelar que pretendes escaparte a jugar con esos elementales!
Le rugió persiguiendo sus risas.
Subida en el lomo de Khalum, correteaba por la corte entre nubes y escapaba de su falsa ira.
Todo parecía alegría, pero la unión entre la Bestia y la Luna se distanció el día que aceptó la apuesta secreta.
No solo Lykahel rompió las reglas de bajar a un continente mortal, sino que fue incapaz de descubrir a tiempo la trampa que se tejió a su espalda.
Cuando sus pies retumbantes tocaron la tierra árida y desértica, sintió una sensación que jamás había experimentado en su vida.
¿Qué era esto que lo recorría? Él, que jamás había sentido dolor, hambre, ni sed...
Un rugido enardecido se elevó a las alturas.
El sol brilló con fuerza sobre su cabeza. Luces etéreas lo rodearon como un torbellino, cantos de voces cargadas de hechizos restrictivos…
Todo su poder divino le fue arrebatado de golpe. Castigado, delatado, engañado…
En solo un suspiro se convirtió de un ser inmortal, invencible, a uno de carne y hueso, vulnerable y en peligro.
Maldiciendo a los cielos, descubrió… que ya no podía regresar a casa y que las criaturas por las que apostó… no eran tan nobles como él creía»

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...