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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 641

NARRADORA

Cedrick Walker jamás imaginó que hoy enfrentaría una prueba tan dura y decisiva.

Su consciencia se diluía, sentía que perdía el control de su cuerpo, la conexión con su lobo, encerrado dentro de su propia existencia.

Pero un desafío constante lo mantenía en movimiento.

Permitía que quemara esa energía tan viva y agresiva que quemaba en sus venas, la magia de una bestia poderosa.

Las ganas de dejarse vencer lo seducían cada vez más. Solo ceder y descansar, perderse en la nada.

“¡Y te haces llamar Rey, no eres más que un debilucho!”

“¡Nos llevaremos a tu mujer para que se empareje con uno de nuestros machos!”

«¡NO, NO A MI HEMBRA!» rugió respondiendo a esas provocaciones que se filtraban en su mente.

“¡Mi amor, lucha, regresa a mí, Cedrick!” Esa era la voz de su mate, de su Raven. No podía ceder, no dormiría o jamás despertaría de esta pesadilla.

Agarró el hilo del destino que lo enlazaba a su lobo, y sus corazones resonaron en unión, como un solo ser.

«¡RRROOAAAARRR!»

Alzando su morro al cielo, la gigantesca bestia del Rey Alfa rugió su poderío.

Se transformó en un lycan blanco como la nieve, de pelaje brillante y ojos rojos como rubíes.

A su lado se alzaban dos bestias más, mostrando los enormes caninos desenfundados de las encías.

Uno de pelaje negro que representaba a Vincent, el mate de la princesa Amber, y otro de pelaje rubio, dorado como el sol y con los ojos indomables de Hakon, el Alfa del Pantano.

Cedrick miró por primera vez a través de esta visión mejorada. Abrió y cerró las enormes patas con garras mortales.

La fuerza imponente bombeaba en su corazón.

Descubrió al lycan parado frente a él, oscuro y letal.

“Bienvenido a mi mundo, Cedrick Walker”

Aldric le estiró el antebrazo en un saludo fraternal entre guerreros.

Cedrick le correspondió con fuerte apretón.

Ambos colosos estrecharon las manos en un pacto que duraría por la eternidad.

“Aldric Thorne, gracias por tu ayuda. Quedaré en deuda siempre por este acto. En mi continente siempre tendrás un aliado”, le dijo con voz gutural, y Aldric asintió mirando directo a sus ojos.

Pudo ver en Cedrick su valentía, el respeto y admiración que infundía en su gente.

Era un buen líder, un buen macho de familia y debía admitir que eso le gustaba.

—¡Cedrick! —después del breve intercambio entre ellos, el Rey Alfa corrió hacia su mujer.

Sus pasos retumbaban pesados, apenas acostumbrándose a esos músculos y el esqueleto más grande.

“Mi amor, estoy bien, no llores, mi Reina. Todo está bien”

Con sumo cuidado acunó a la pequeña Centuria contra su pecho cubierto por un pelaje espeso.

Raven casi ni se veía, sostenida suavemente contra este lycan enorme.

Sus ojos rojos y empañados, los puños se aferraron a la suave pelusa, oliendo el aroma de su compañero.

Por un segundo, la marca en su cuello había dolido tanto que creyó que lo perdía.

—Sé que fue para bien, pero no quiero repetir jamás esta sensación, ni por todo el poder del mundo —las manos pequeñas acariciaron el morro que se veía tan grotesco frente a su rostro femenino.

El botón negro de la nariz la rozó con cariño, recogiendo las lágrimas de sus mejillas.

“Algo tan increíble, solo pasa una sola vez en la vida, mi Centuria. Esto solo nos demuestra, que hay un universo más allá de lo poco que conocemos”

Cedrick le respondió, abrazándola contra él con todo su amor.

A pesar del momento peligroso, su corazón de guerrero se sentía satisfecho.

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