NARRADORA
Cedrick Walker jamás imaginó que hoy enfrentaría una prueba tan dura y decisiva.
Su consciencia se diluía, sentía que perdía el control de su cuerpo, la conexión con su lobo, encerrado dentro de su propia existencia.
Pero un desafío constante lo mantenía en movimiento.
Permitía que quemara esa energía tan viva y agresiva que quemaba en sus venas, la magia de una bestia poderosa.
Las ganas de dejarse vencer lo seducían cada vez más. Solo ceder y descansar, perderse en la nada.
“¡Y te haces llamar Rey, no eres más que un debilucho!”
“¡Nos llevaremos a tu mujer para que se empareje con uno de nuestros machos!”
«¡NO, NO A MI HEMBRA!» rugió respondiendo a esas provocaciones que se filtraban en su mente.
“¡Mi amor, lucha, regresa a mí, Cedrick!” Esa era la voz de su mate, de su Raven. No podía ceder, no dormiría o jamás despertaría de esta pesadilla.
Agarró el hilo del destino que lo enlazaba a su lobo, y sus corazones resonaron en unión, como un solo ser.
«¡RRROOAAAARRR!»
Alzando su morro al cielo, la gigantesca bestia del Rey Alfa rugió su poderío.
Se transformó en un lycan blanco como la nieve, de pelaje brillante y ojos rojos como rubíes.
A su lado se alzaban dos bestias más, mostrando los enormes caninos desenfundados de las encías.
Uno de pelaje negro que representaba a Vincent, el mate de la princesa Amber, y otro de pelaje rubio, dorado como el sol y con los ojos indomables de Hakon, el Alfa del Pantano.
Cedrick miró por primera vez a través de esta visión mejorada. Abrió y cerró las enormes patas con garras mortales.
La fuerza imponente bombeaba en su corazón.
Descubrió al lycan parado frente a él, oscuro y letal.
“Bienvenido a mi mundo, Cedrick Walker”
Aldric le estiró el antebrazo en un saludo fraternal entre guerreros.
Cedrick le correspondió con fuerte apretón.
Ambos colosos estrecharon las manos en un pacto que duraría por la eternidad.
“Aldric Thorne, gracias por tu ayuda. Quedaré en deuda siempre por este acto. En mi continente siempre tendrás un aliado”, le dijo con voz gutural, y Aldric asintió mirando directo a sus ojos.
Pudo ver en Cedrick su valentía, el respeto y admiración que infundía en su gente.
Era un buen líder, un buen macho de familia y debía admitir que eso le gustaba.
—¡Cedrick! —después del breve intercambio entre ellos, el Rey Alfa corrió hacia su mujer.
Sus pasos retumbaban pesados, apenas acostumbrándose a esos músculos y el esqueleto más grande.
“Mi amor, estoy bien, no llores, mi Reina. Todo está bien”
Con sumo cuidado acunó a la pequeña Centuria contra su pecho cubierto por un pelaje espeso.
Raven casi ni se veía, sostenida suavemente contra este lycan enorme.
Sus ojos rojos y empañados, los puños se aferraron a la suave pelusa, oliendo el aroma de su compañero.
Por un segundo, la marca en su cuello había dolido tanto que creyó que lo perdía.
—Sé que fue para bien, pero no quiero repetir jamás esta sensación, ni por todo el poder del mundo —las manos pequeñas acariciaron el morro que se veía tan grotesco frente a su rostro femenino.
El botón negro de la nariz la rozó con cariño, recogiendo las lágrimas de sus mejillas.
“Algo tan increíble, solo pasa una sola vez en la vida, mi Centuria. Esto solo nos demuestra, que hay un universo más allá de lo poco que conocemos”
Cedrick le respondió, abrazándola contra él con todo su amor.
A pesar del momento peligroso, su corazón de guerrero se sentía satisfecho.
—Llévala enseguida a la Manada del Pantano. Que regresen las mujeres, los heridos. Solo los guerreros en buena forma que se queden conmigo.
Cedrick comenzó a dar órdenes. En apariencia, la guerra se había acabado, pero sabía que no era así.
Dejaron a un continente entero sin líderes y el otro, pronto estaría también sin gobernante.
Tanto los hechiceros como los hombres bestias los habían traicionado.
Raven miró hacia atrás después de cruzar el puente de hielo.
Su corazón estaba aún pesado, sus ojos se entrelazaron con los intensos de su mate, pero sabía que ella debía hacerse cargo de comandar esta parte.
Su alma dividida por la preocupación entre sus dos hijos y su Rey.
—Vamos de prisa, pero con cuidado —ordenó, mirando a Vincent llevando a Amber.
Se notaba que hasta temblaba, el pobre. Su mundo entero era su mujer.
Raven caminó al lado de la anciana que era su sacerdotisa. Había apoyado con su poder a las Centurias durante la batalla.
Quería preguntarle si veía algo raro en Amber. Pasaron muchos años y su hija no se preñaba.
Quizás era otro milagro…
Pero Dalila le dijo que necesitaba examinarla con más calma, ya a salvo en sus manadas.
Con ellos se llevaron a Bella.
Ella se quedaría en el territorio de los hombres lobo, en un lugar hermoso y lleno de luz.
*****
Escondido entre los pocos árboles que quedaron a salvo, las pupilas del líder león se estrecharon mirando a lo lejos.
Sentía tanto odio que rechinaba los dientes con ira.
¿Qué hacer, ahora que el idiota de Edmund había perdido?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...