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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 681

VICTORIA

¡Diosa, cuánta fuerza!

El desgraciado frente a mí se congeló.

Yo creo que hasta su cosita se meó del miedo.

Con un rugido bestial fue agarrado del cuello y subido por los aires, separándolo de mí.

A través de la luz que entraba por las telas abiertas, vi toda la escena salvaje.

Ni siquiera se había convertido por completo en su lycan, pero el Alfa le hundió las fauces a medio formar en la garganta, arrancándole la tráquea.

El aullido se quedó ahogado en el pecho del teniente.

Los rugidos de lucha atrajeron a algunos soldados afuera, hasta donde ese hombre salvaje sacó arrastrando el cadáver.

Frente a la mirada silenciosa de todos, le arrancó con las garras la cabeza.

Había visto en mi vida muchas escenas crudas.

Mi propio padre era un ser bastante sanguinario, pero el Lord podía rivalizar con su veta sádica.

—¡Que nunca pase por la mente de ninguno de ustedes hacerle algo tan despreciable a una mujer! —rugió con la voz deformada por su lobo.

Los guerreros bajaron la cabeza.

Lo podía ver todo a través de la lona que se movía con fuerza por el viento.

—¡Pueden follarse a quien quieran, lobas, vampiras, brujas, el maldito tronco de un árbol… pero siempre consensuado!

Arrojó la cabeza a una de las fogatas cercanas.

El fuego crepitó y el olor a carne chamuscada enseguida llenó el ambiente.

—¡Perdono cualquier cosa, menos una violación! ¿¡Entendieron!? ¡Les arranco la maldita polla primero a quien se atreva a hacer algo así y me entere!

Los guerreros enseguida dijeron que sí, que jamás se atreverían.

Vi el miedo metido en sus almas.

Se notaba que el Lord no era fácil, ni siquiera con su gente.

—¡Márchense de una puta vez! —les ordenó encolerizado.

Despejaron los alrededores más rápido que ratas frente a un gato… o más bien, frente a un lobo.

Entonces se giró de golpe y se quedó mirándome fuera de la carpa.

Sus ojos avellanas cambiaron a pupilas rojas lobunas, la boca aún llena de sangre, con los caninos afuera.

Así se fue acercando, indomable, sin bajar su aura de depredador ni un poco.

Me intentaba intimidar, pero maldita sea, estaba logrando otra cosa.

No habló palabra mientras entraba a la carpa y cerraba al fin las cortinas de cuero.

—Por tu discursito creí que eras de los que no abusaba —empujé mi pecho contra el suyo, disfrutando de su tensión.

Parecía que las chispas saltaban en el ambiente.

Sus acciones lo contradecían.

—Dije que no te tocaría. No me interesan las mujeres de tu raza —me miró fingiendo desprecio.

—Pero eso no quiere decir que no te pueda arrancar la cabeza como he hecho con otros vampiros —me dijo, y esta vez sí que no me gustaron sus palabras.

De repente recordé que él era mi enemigo.

—Entonces, ¿a qué esperas, lobo? Me tienes en tus manos, solo tienes que apretarme la maldita garganta.

Mis ojos también destellaron con ira. Saqué los colmillos en su cara.

Nuestras respiraciones pesadas se fundían con la del otro.

Supongo que me odiaba de verdad… No sé.

Su mano se apretó en mi cuello, las yemas se hundían en mi suave piel.

Apretaba tanto los dientes que las venas de la mandíbula le latían sin control.

Se lo estaba pensando, lo pude ver en el fondo de sus orbes.

Quizás salir de mí era lo más fácil, pero al final… algo más lo hizo detenerse.

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