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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 665

AIDAN

Un estremecimiento recorrió mi cuerpo.

Estaba nervioso, como un chiquillo al que pillan infraganti, para qué negarlo.

Prefiero mil veces enfrentarme a la hostilidad de los machos que a la ceja alzada de la pelinegra frente a mí.

Joder, que es una copia madura de mi Nyx.

—Yo… bueno…

Subí la mano para rascarme el cabello y ver cómo le decía sutilmente que me había comido ya el melocotón de su hija.

—Ni falta hace que me expliques, tendría que ser idiota para no saber que ya me quedé sin cachorras vírgenes.

Me dijo mi suegra y dio un paso adelante.

Retrocedí, como si hubiese recibido un corrientazo.

—Yo me haré responsable de mis actos, reclamé a Nyx como mía…

—Y ella te reclamó a ti por lo que veo —se detuvo en mi pecho cubierto por la camisa.

—Sí, ella me dio su sello —miré hacia abajo y no pude evitar tocarme el pectoral izquierdo con cariño.

Cuando subí la mirada, me estaba evaluando fijamente.

De nuevo mi cuerpo se tensó, esperaba algunas palabras duras, pero suspiró y su expresión se relajó.

—Por un segundo tuve la sensación de que me necesitaba. Ahora me alegro de no haber irrumpido en lo que sería una ceremonia demasiado íntima.

—Lo hizo por instinto, se asustó al inicio —confesé mirando hacia la puerta.

—Mi pequeña Selenia inocente… nadie te puede preparar para eso. Cada ceremonia es diferente, impredecible, y no importa cómo te lo cuenten, el miedo a perder a tu compañero… es inolvidable.

Sus palabras se perdieron por un segundo en recuerdos.

Parece que el suegrito no lo pasó muy bien y admito que una morbosa alegría apareció en el fondo de mi corazón.

—Pero ella está bien, duerme ahora, iba por su desayuno —le explico.

Quizás quiera pasar a chequear que no le arranqué un trozo a su hija.

Aunque mordidas no le faltaron.

— Déjala dormir entonces, luego la visito. Vamos, ven, te acompaño —me tomó del brazo y me llevó por el pasillo.

Estaba más que tenso y sentía una presencia vigilándome desde las sombras.

—No te preocupes por Silas, a pesar de su carácter, él está satisfecho con los mates de sus hijas —me aseguró.

Yo lo ponía bastante en duda. Si estaba feliz, lo disimulaba muy bien.

Como si llamando a la calamidad la hubiésemos invocado, al salir al área del comedor, estaba ahí de pie, esperándonos.

Su rostro era como un agujero negro de amargura.

Un destello peligroso brilló en sus pupilas al ver la mano de Sigrid sobre mi antebrazo.

Ella me soltó de manera natural y caminó hacia él.

—Cuando salí del baño no estabas —su mirada se suavizó en cuanto la pequeña mujer acarició su rostro.

—Fui a dar un paseo con mi yerno, ¿no puedo? —le preguntó, poniéndose de puntillas y dándole un beso en la barbilla.

Me sentía como cuando mis padres estaban ahí dándose manitas delante de nosotros.

Los ojos de Silas se achicaron al mirarme por encima del hombro de Sigrid.

—No me gusta que toques a otros machos —ni siquiera disimuló para decirlo.

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