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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 663

AIDAN

“AAGGRRR”

Un gruñido de dolor se escapó entre mis dientes unidos.

Apretaba tanto la mandíbula que los músculos palpitaban a punto de reventar.

En un segundo pasé del éxtasis a la agonía, pero era un dolor que estaba más que dispuesto a soportar.

Jamás imaginé que desde la primera vez Nyx deseara marcarme.

Su padre me dejó bien claro esta noche que este era un honor que muy pocas Selenias concedían y entendí también el porqué…

Un aullido ronco se escapó de los labios de Vlad.

Subí los ojos con Theo fulgurando en las pupilas.

Entonces la vi frente a mí, saliendo de la espalda de Nyx, la materialización de la magia Selenia de mi hembra.

Una entidad oscura, con una capucha sobre la cabeza, sin rostro, pero podía sentirla juzgando si era digno, si la merecía…

Las cadenas que me apresaban comenzaron a tornarse doradas, peligrosas y quemaban en mi piel como hierro incandescente.

Su mano de afiladas garras negras se fue estirando hacia mí.

“¡Aahhh! ¡No, regresa, regresa!”

“¡NO LA DETENGAS NYX, NO LUCHES MI AMOR!”

Le rugí, arrojándome sobre su cuerpo a abrazarla.

Sabía que intentaba llamar en su mente a su madre, a su abuela, para que liberaran el hechizo.

Lo hizo por instinto, pero yo lo deseaba.

“Puedes morir, Aidan… ¡no quiero! ¡no puedo verte morir!” me gritaba sollozando, resistiendo.

“¡No moriré! Márcame como tuyo, Nyx. Marca mi corazón, te lo suplico, mi amor…”

Cerré los ojos y dejé que todo el amor que sentía por ella le llegara.

Aislé mi sufrimiento para que no lo sintiera a través de nuestro vínculo de mates.

“Aidan…” su voz quebrada me llamó.

“Hazlo nena, ten fe en tu macho”

Supe el momento exacto en que siguió la ceremonia a voluntad.

“¡Él es mío! ¡No te atrevas a apartarlo de mí!”

La escuché gritarle a la propia encarnación de su magia.

Pero ese ente tenía un juicio que hacer, ya había sido desbloqueada y nadie la detendría, ni siquiera Nyx.

“¡AAAHHH!”

Rugí en mi mente sintiendo las afiladas garras hundirse en mi espalda.

Mi alma mágica latía frenética, la sangre escapaba a borbotones por los poros de mi cuerpo.

Se abalanzó sobre mí sin misericordia.

Mi cuerpo entero se sacudió sacando mi aura de lobo, resistiría como fuera.

La magia invernal era mi mejor arma.

Mientras mi espíritu primordial, mi alma, era sacada de mi cuerpo, comencé a congelar todas las heridas, las arterias a punto de colapsar.

Nos encerré en mi dominio invernal, dentro de este mundo de hielo donde nadie entraría a robarme mi sello.

Las garras se estiraron hacia la superficie que palpitaba sin cesar y comenzó a tatuar lentamente, sin prisas, el nombre de mi mujer.

Solo tres letras, pocos trazos comparados con otros nombres, y pareció que se llevó una eternidad.

Destellos dorados salían en forma de chispa cada vez que hacía trazo por trazo, cada línea sanguinolenta y arabesco, cada encantamiento.

Usaba mi propia magia para fundir el hechizo.

Como un vórtice hambriento me drenaba la energía arcana del invierno.

Sentía cómo en cada letra mi vida y la de Nyx se entrelazaba en nudos del destino.

Un pacto de muerte y amor, si ella no existía en este universo, yo tampoco lo haría y estaba más que agradecido por eso.

No podría vivir tampoco sin mi hembra, no lo soportaría… no de nuevo.

“¡¡¡Aaaggrrr!!!”

Gritaba en silencio, mi ancla era la pequeña mujer bajo mi cuerpo.

Runas doradas brillaban en su piel.

Rezaba todo tipo de encantamientos que se fueron desvaneciendo en mi mente anestesiada por el dolor.

Mi sangre corría sobre ella y manchaba las sabanas, todo era tan vivido, tan cruel y a la vez tan increíble.

Nunca me resistí a pesar de que el agujero en mi pecho se expandía sin control.

No bastaba con congelar los bordes.

Necesitaba mi corazón, mi aliento de vida se iba escapando.

La poca magia invernal que podía conservar circulaba sin cesar; Theo se movía frenético, dándome energía.

Todo mi cuerpo palideció, congelado, rígido y a penas podía respirar.

Cuando mi consciencia se desvanecía y me aferraba a la vida con las garras de mi lobo, al fin sentí una mano cálida tomar mi barbilla.

Fui incorporado de rodillas, con los ojos blancos, exhalando humo helado por cada poro.

Los fluidos chapotearon escurriéndose, fundiéndose con los gemidos bajos de ambos.

Pensé en acomodarnos sobre las almohadas, tomarnos un respiro después de un momento de tanta intensidad, pero de repente…

Nyx comenzó a llorar, con pequeños sollozos que luego se convirtieron en un llanto asustado.

—Nena, no llores, mi amor, estoy bien. Pasé la prueba, mi vida, estoy bien.

Se acurrucó sobre mí, apretándome con una fuerza desesperada y solo pude consolarla.

No importa lo que hubiese sucedido, yo no me arrepiento.

—¡Pude acabar con tu vida! ¡Aidan, te vi, sangrando, como un cadáver rígido sobre mi espalda!

Sus manos temblaban cuando se incorporó sentada sobre mis caderas, queriéndose acercar a mi pecho pero sin atreverse.

—Tócame Nyx, ¡tócame mi Selenia! —tomé su mano y la obligué a pasarla por la profunda cicatriz que había quedado.

Tenía una forma extraña grabada en mi pectoral izquierdo, como una runa secreta de la cual solo ella y yo sabíamos el significado.

—Aidan… —su voz baja se quebró— Me salí de control, yo… no era mi intención hacerte pasar por eso.

—Sin embargo, me alegra que lo hubieses hecho, que me desearas tanto que tu alma tomó la decisión.

Acaricié su mejilla, me incliné a besar sus lágrimas, a lamerlas, a adorarla.

—¿Acaso no me creías digno de tu marca? —susurré contra sus labios.

—Sabes que no es eso. Tú eres mi primer hombre y serás el único, para siempre… Solo tú puedes llevar mi nombre, Aidan Walker.

Mi boca se curvó en una sonrisa sin poderlo evitar y logré que esos labios sexis me sonrieran al fin.

—Pasaría por las garras de la muerte miles de veces solo para pertenecerte.

Capturé sus labios en un beso apasionado, lleno de todos los sentimientos que siento por ella.

Nyx enredó los brazos en mi cuello y me lo devolvió con hambre y desesperación.

Nuestros corazones latiendo al unísono, con un solo latido.

La subí sobre mi cuerpo, dejé que su coño me empapara el abdomen.

Acaricié su delicada espalda, bajando más y más.

Después de ese momento tan extremo, solo deseaba montarla salvajemente y reclamarla cientos de veces.

Tomé su cabello corto con dominación, bebiendo de su aliento, enredando nuestras lenguas.

El deseo fue encendiéndonos de nuevo.

Mis manos se metieron acariciando entre sus nalgas resbalosas, penetrándola con los dedos y haciéndola gemir.

Theo moría por salir a jugar con su Selenia y yo no sería el que diría que no.

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