VICTORIA
Siempre había deseado vivir una vida de aventuras, excitante peligro y un amor que me volara los sesos… además de las bragas.
Pues buenas noticias… lo había conseguido.
No solo caí en un sitio lleno de conflictos y aventuras por vivir, sino que encontré al hombre que voltearía mi mundo de cabeza.
Bueno… dos hombres al inicio, pero ya eso es historia para luego.
Si había algo que apretaba mi alma, era lo mucho que extrañaba a mi familia, a mis padres.
Y de verdad que estaba buscando la manera de comunicarme con ellos.
Incluso rastreé un túnel sospechoso; parecía que me llevaría a otro sitio.
Pero esos idiotas vampiros lo volaron con magia al escapar de nuestra cacería.
Entonces, no me quedaba de otra que seguir investigando.
Y mientras tanto, en lo que buscaba un portal, bien podía seguir torturando lentamente a la víctima que tenía a mano.
A ese lycan orgulloso e indomable.
*****
Caminaba por los pasillos con poca luz hasta su oficina.
Un refrigerio en la bandeja entre mis manos y la cara de pocos amigos.
Me paré frente a la opresiva puerta negra, como todo en esta fría fortaleza.
Toc, toc.
Toqué dos veces.
—Adelante —su voz ronca se escucha desde el interior y la sangre se revuelve en mis venas.
Paso la punta de mi lengua por un canino puntiagudo, pero escondo mi deseo y vuelvo a ponerme la máscara enojada.
Tomo el picaporte y entro en el despacho iluminado por la enorme chimenea.
Camino con calma sobre la alfombra de arabescos y sus ojos avellanas suben a mirarme.
Me mira fijamente, sus pupilas lobunas se estrechan en mi cuerpo.
Cada movimiento que hago es captado por él.
El ceño siempre fruncido en ese rostro de ángulos severos y tan masculinos.
El tatuaje que baja por su cuello y se pierde en el fuerte pecho dentro de la túnica, más la cicatriz que atraviesa una de sus cejas, lo hacen parecer un rebelde violento.
Y ciertamente lo es. Para todos… menos para mí.
Olfatea profundamente en el aire, aspirando mi olor cuando rodeo el escritorio y me paro a su lado.
Extiende sus feromonas excitadas para rodearme, sin ocultar el deseo oscuro con que me codicia.
—La cocina le preparó esto… mi señor.
¡BAM!
Prácticamente, le arrojo la comida encima y doy media vuelta para marcharme.
—Victoria —su voz vibrante llama mi nombre.
La mano ruda y grande se cierra con suavidad sobre mi muñeca, pero la dominación se desprende por cada poro de su cuerpo.
—¿Sigues enojada conmigo?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...