NARRADORA
La magia contenida en su cuerpo bullía emocionada a medida que iba subiendo más y más hacia la cima de la montaña.
Frederick escondió el pedazo faltante del Corazón en la cúspide de la montaña más alta, medio oculta entre las nubes.
Las patas del enorme lobo se aferraban a la grava. Escaló por el camino serpenteante y resbaladizo hasta que pisó las rocas firmes.
La bruma de las nubes cubría el aire, haciéndolo frío y trayendo una atmósfera de misterio.
Pero Khalum sabía exactamente dónde se encontraba esa energía divina que había sido tan contaminada por la maldad de los seres mortales.
Sus almohadillas se hundían en la hierba que hace unos días era verde brillante, húmeda, y ahora se marchitaba por la maldición que habían dejado en el centro del claro.
“Ahí está, Khalum, ¿qué crees que suceda cuando lo recuperemos?”
Drakkar le preguntó con algo de incertidumbre. Sabiendo de su origen, lo que más les preocupaba era una treta de los Dioses.
“Debemos hacerlo. No tengas miedo, todo va a salir bien”
Khalum se adentró siguiendo las hebras de magia que ya se expandían de su cuerpo y llamaban a las del interior de la fría superficie.
Cuando su cuerpo atravesó el hielo y expulsó la última oscuridad, un haz de luz poderosa bajó de las alturas, opacando incluso la luz del sol.
Khalum cerró los ojos, dejándose envolver en el poder divino que le fue otorgado desde su nacimiento.
Recorrió cada vena de su cuerpo, que crecía al gigantesco tamaño que ningún lobo en cuatro patas había alcanzado nunca.
El pelaje plateado y oscuro destelló saludable y se movió como si una mano amorosa acariciara su lomo.
Era el toque de la Diosa, él lo recordaba muy bien.
Esos dedos fríos, igual que la brisa de medianoche y a la vez tan delicados y suaves, pertenecían a Selene.
«Mi hermoso lobito, cuánto has sufrido, pero también has vivido tantas maravillosas experiencias. Estoy muy orgullosa de ti, mi pequeño Khalum.»
La voz etérea resonó en sus oídos y, en medio de las luces plateadas, a Drakkar le pareció ver la silueta sonriente de una preciosa mujer.
Sin embargo, cuando Khalum pudo abrir bien los ojos, no fue con la Diosa Luna con quien se encontró y el espíritu de Drakkar, ya no se sentía en su interior.
Las llamas de una pequeña fogata danzaban frente a él, proyectando sombras sobre las paredes de piedra.
Se encontraba de pie en la entrada de esa cueva que le traía tantos recuerdos.
Afuera parecía de noche, un mundo en pausa, un espacio mágico paralelo, y sentado sobre los viejos cojines estaba “él”, transformado en el débil elemental que algún día fue.
“Lykahel…” la voz lobuna de Khalum se expandió con sus pensamientos, sin siquiera abrir la boca.
—Tenía miedo de que hubieses olvidado también mi nombre… viejo amigo…
El hombre de apariencia mortal elevó la mirada, donde una feroz bestia parecía dormir en las profundidades de esas pupilas.
Khalum sintió tanta nostalgia, preciados recuerdos y se acercó, extendiendo su enorme cuerpo cerca del fuego.
Recreando aquellos tiempos donde lo protegía de los depredadores y lo cuidaba del frío.
Se quedaron en silencio, por unos segundos, pero sobraban las palabras entre ambos.
—¿Ella ha estado bien? He visto cuántas maravillas han forjado a través de estos eones —Khalum le preguntó, mirándolo remover las brasas y luego agregó:
—Me alegra que hayas aprendido a cuidar más de tus creaciones, Dios Bestia.
—No logré cuidar muy bien a la más preciada… —Lykahel bufó con un tono algo triste—. Y sí, Selene está bien, siempre creando caos, ya lo has visto…
—Pero te gusta su caos… y admito que a mí también —Khalum sonrió entre dientes.
—. Aprecio el alma elemental que crearon para mí, es noble y sincero. También… la increíble compañera que la Luna me dio.
Alzó el morro para verlo de frente, sabía que este momento no era para siempre.
Que el Dios Bestia se hubiese arriesgado a originar esta ilusión solo para verlo, ya era un gran honor y un riesgo.
—Me alegra que hayas disfrutado de tus aventuras mortales. Nos llevó mucho tiempo a Selene y a mí devolverte la energía divina y luego… ese maldito hijo de la Diosa se quería apoderar de lo que no era suyo…
Lykahel rechinó los colmillos al recordar a ese lycan cobarde y ladrón, sin contar la maldit4 bruja.
¡Cada vez que observaba su propia forma proyectada en ese idiota le daba más ira!
Montó en cólera al presenciar todo desde las alturas, era muy difícil descender y más con el temor de ser castigado de nuevo por rebeldía.
—Te juro que estaba a punto de hacer que se los comieran todas las bestias, pero Selene me dijo que lo dejara al destino… que te permitiera tomar tus propias decisiones… ¡Creo que solo protegía a sus infames hijos!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...