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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 771

NARRADORA

—¡Aaahh! —un grito salió de los labios de Lyra a la vez que su cuerpo se incorporaba como un resorte en la cama.

La angustia llenó su pecho con un presentimiento atroz, no sentía la conexión con su mate y necesitaba verlo, ¡ahora mismo o lo perdería para siempre!

Abrió la cobija y se giró con la intención de bajarse de la cama.

Tenía un dolor de cabeza horrible y había estado descansando en el castillo del Rey Alfa Cedrick. Las mujeres se habían quedado esta vez atrás, organizándose entre tantas uniones que ahora surgían.

Esperando a Khalum, Lyra apenas había dormido nada de su siesta.

Debió ir con él, no hacerle caso a su testarudez, protegerlo como había hecho en el pasado.

Pero Khalum y Drakkar se empeñaron en ir solos esta vez.

“¡Apúrate, Lyra, necesito ver a mi Alfa!” Aztoria le rugía ansiosa.

La mano de Lyra se enredó con el borde y los pies aún estaban cubiertos por parte de la cobija.

Se precipitó hacia el suelo, aturdida, con una maraña de sábanas y sin poderse cubrir el rostro.

—¡Aah! —cerrando los ojos, esperó el golpe que jamás llegó.

Unos brazos fuertes la sostuvieron y su hermoso rostro se refugió en un amplio pecho que conocía demasiado bien.

Ese aroma profundo a tormentas oscuras y hogar seguro, fue el primero que dio en su naricita al nacer.

—Papito… —levantó los ojos llenos de lágrimas hacia los dorados preocupados de Silas, que la colocaba de vuelta a la cama.

Lyra se aferraba a él como cuando era una cachorra llorona que siempre buscaba su protección.

—Ly, ¿qué sucede? Sentí tu angustia —Silas le acarició la frente sudada y le retiró el cabello platinado que se le pegaba a la piel.

Su pequeña loba se parecía tanto a él; de hecho, ninguno de los tres podían ocultar que eran sus descendientes.

No importa dónde estuviese Silas, los sentimientos intensos de su familia atravesaban las tinieblas hasta su alma.

—Es Drakkar, papá, necesito ir con él… ¡Necesito que me lleves, algo le sucedió a mi mate!…

Los puños temblorosos de ella se aferraron a su camisa y las lágrimas que brotaban le hacían doler el corazón al Rey Espectro.

—Bien, vamos —la ayudó a levantarse porque las piernas de Lyra estaban flojas.

Antes de decirle a Sigrid, la puerta del cuarto se abrió de golpe y la pequeña mujer de cabello negro entró ansiosa.

—¿Qué le pasa a mi niña? — Sigrid corrió hacia ella viendo sus lágrimas—. ¡¿Qué sucede, Ly?!

Frente a su madre, las gotitas se convirtieron en un sollozo ahogado.

—Tengo que ir con Drakkar, mamá. Siento… ¡siento que me los van a arrebatar…!

Abrazó a Sigrid con fuerzas y su madre le devolvió el abrazo, con palabras suaves.

La Selenia estaba sentada tomando el té con las demás cuando sintió revolverse su corazón.

Una de sus hijas sufría.

Miró a Silas por encima del hombro tembloroso de Lyra.

“Voy a llevarla hasta su mate”; los ojos seguros de Silas le dieron tranquilidad a Sigrid.

Asintió, suspirando; ellos dos viajarían más rápido. A saber dónde estaba Drakkar.

—Ve, ve con papá —la empujó en los brazos confiables de su macho.

Silas moriría por Lyra; de eso la Selenia no tenía ninguna duda.

—Estaré esperando…

—Todas estaremos esperando noticias y listas si hay que rescatar a Drakkar —la voz de Gabrielle se escuchó desde la puerta.

Cuando Sigrid se giró, las vio atravesando la entrada.

Los ojos de las Selenias fulguraban, llenos de poder y decisión. Su abuela, su madre, su hija…

Incluso el Rey Lycan, de un linaje ancestral, cayó de rodillas; todos lo hicieron y miraron en la dirección donde haces de luces se elevaban en el cielo.

Aldric abrió mucho los ojos; sintió la necesidad imperiosa de bajar la cabeza.

La forma extraordinaria y gigantesca de un lobo blanco y negro, como un arcoíris, se dibujaba en el horizonte.

Su cola se movía en el aire danzando, mientras la boca se abría para rugir a todos los continentes de la Luna y la Bestia…

Y la naturaleza salvaje le respondió.

El vibrar del pecho de Aldric se hizo incontrolable y se abrió paso por su garganta hasta que el aullido escapó de sus fauces abiertas.

El sonido resonó por todos lados; no fue el único.

De los bosques y pantanos, de las selvas, junglas, del páramo y las montañas…

Cada animal le respondió y el mundo se sumió en un caos por un segundo.

«Que todos lo sepan: el hijo favorito de la Diosa Luna y el Dios Bestia, es el lobo Khalum. Por siempre, tiene nuestra protección.»

Ese mensaje se filtró en la mente de todos ellos: la orden imperiosa y brusca, demandante y poderosa. Sin espacio a desobedecer.

El lobo en la lejanía volvió a rugir y explotó en una columna de luz que se elevó hacia el cielo, fuera del alcance de los simples mortales.

“Jo… joder, ¿qué diantre fue eso?” Cedrick jadeó, pero Aldric no le respondió.

Sus ojos no dejaban de mirar al este mientras se ponía de pie.

Su ceño se frunció y el alma se le apretó con preocupación.

En esa dirección estaba Drakkar. Khalum era su lobo… ese mandato no era de este mundo.

¿Será que Khalum se fue con el Dios Bestia? Entonces, ¿dónde quedó Drakkar?… ¿Qué sería de su nieta?

En ese mismo instante, un portal se abrió paso en la cima de esa montaña misteriosa y Lyra salió corriendo de su interior.

— ¡DEVUÉLVEME A KHALUM Y A DRAKKAR! - le gritó llorando a la espalda de un hombre, parado en medio de la bruma.

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