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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 772

NARRADORA

Ni siquiera cuando se separó de su familia y cayó en un continente salvaje y hostil, Lyra se sintió tan desesperada.

Algo en su pecho se desgarraba lentamente: el miedo de perder a su compañero de vida.

En cuanto descubrió la espalda de ese hombre extraño, le gritó convencida de que era el culpable.

Lo vio girarse lentamente y su loba se revolvía con incomodidad, con deseos desesperados de bajar la cabeza ante él.

Sus ojos mostraban un salvajismo que jamás había visto en nadie… de este mundo.

—Así que tú eres la supuesta mate de Khalum —la voz retumbante vibró en su mente, incluso sin abrir la boca.

Dio unos pasos acercándose a ella y despejando la bruma, pero repentinamente un ataque de sombras se extendió desde la espalda de Lyra.

El intruso tomó el poder de Silas en su puño cerrado, igualando la velocidad vertiginosa y luego movió la mano para disipar las garras espectrales.

Un chillido de dolor se escuchó por algún lado.

—Tsk, tsk, cuánto irrespeto —chasqueó la lengua con fastidio, pero muy relajado.

Silas estaba sumergido en la oscuridad del portal, como un ángel oscuro detrás de Lyra, listo para atacar… incluso para llevársela.

Estaba inquieto; su ataque no fue nada débil y ese “hombre” lo disipó como espantando una mosca que le zumbaba en la cara.

Era poderoso, demasiado poderoso… mucho más que él.

—Guárdate tus muñecos de odio, Rey Espectro, no tengo tiempo para tus berrinches, ni soy Selene, que solo te dio palmaditas en la espalda —agregó, y las sombras se revolvieron molestas en el vórtice de poder.

Lykahel ni se inmutó, su tiempo se acababa, su atención puesta en la pequeña hembra que retenía a Khalum.

Debía tomar una decisión aquí y ahora.

—Papá, no intervengas —Lyra cerró los puños, decidida a acercarse también.

—Ly… —la voz carrasposa de Silas sonaba ronca, le daba una advertencia.

—Confía en mí, padre… confía, por favor —se giró a mirar a los ojos dorados intensos, rodeados de remolinos macabros.

Era lo único que se veía entre tanto negro.

Silas dudó, pero terminó asintiendo, aunque las sombras enredaban los tobillos de su hija, listas para apartarla del peligro.

Lykahel observó con curiosidad cómo ella caminó hasta él, en el medio del claro desolado.

Lo hizo con valentía, a pesar de que casi nadie podía acercarse tanto por la presión que ejercía, incluso en esta forma “mortal”.

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