NARRADORA
Lyra cerró los ojos, conteniendo las lágrimas emocionadas que se escapaban de su control.
Acarició su espalda y subió la mirada para ver sus ojos de medianoche, su rostro masculino y hermosamente salvaje.
—Nosotras siempre los vamos a encontrar, mi mate… siempre… —acarició su barba corta y enredó los dedos entre las finas hebras oscuras.
—Mira, Ly… te pertenecemos por completo, somos tuyos en cuerpo y alma…
Drakkar entonces le tomó la mano y la llevó a su pectoral izquierdo.
Las palabras se quedaron atascadas en la garganta de Lyra y Aztoria.
Las yemas rozaron la profunda y extensa cicatriz que había quedado sobre la piel de Drakkar.
Sobre la cicatriz en forma de varios rayos entrelazados, las letras de su nombre estaban talladas en carne viva, de manera ruda, rústica, por la mano de un hombre…
No, la mano de un Dios, y uno bien bestia, dicho sea de paso.
¿Cuánto debió dolerles esto?
Lyra derramó más lágrimas y sus hombros se sacudieron con tantos sentimientos azotándola a la vez.
Incluso fueron más allá de lo que hacían las Selenias.
Ellos aceptaron un contrato mágico mucho más agresivo… su alma mágica… estaba con ella, dentro de su propio pecho, para siempre.
Tenía el control de su vida o su muerte, de su todo…
“Pequeña… no, ¿no te gustó?”, la voz de Khalum al fin resonó en su mente, baja, con dudas.
Lyra subió la mirada para ver sus pupilas lobunas reflejadas en Drakkar, que la observaba sin comprender si habían hecho algo mal.
Su ceño fruncido, con esa expresión de confusión que lo hacía ver tan lindo.
—Ly… nosotros…
—Mates tontos… —cerró los puños y los golpeó en sus hombros.
Se veía siempre tan diminuta frente a su voluminosa figura.
Lyra se inclinó y comenzó a besar la cicatriz lentamente y su nombre marcado sobre la bronceada piel.
Sus suaves labios cosquilleaban, trayendo deliciosos escalofríos por todo el cuerpo de Drakkar; Lyra podía sentir sus sentimientos intensos.
“Menos mal, por un segundo pensé que había sido mala idea dejar esto en manos de Lykahel, mira lo chapucero que es…”
La sonrisa de la Alfa comenzó a brillar en sus labios al escuchar los pensamientos de Khalum y la afirmación de Drakkar.
Habían hecho algo tan loco y único.
Despreciando un porvenir increíble de inmortalidad, atando su vida a la de otra persona y solo les importaba incomodarlas con la estética.
Sus piernas se abrieron descaradamente para su macho, siseando excitada ante el gigante que se alzaba tembloroso detrás del rústico taparrabos.
Lo deseaba tanto que ya su coño palpitaba y escurría por él.
—Soy tuya, siempre he sido tuya… desde la primera vez —su voz era el embrujo más seductor para los oídos de Drakkar.
Sus lobos ya retozaban movidos por sus instintos.
Drakkar fue a las tiras del costado de su cadera, casi arrancándose el taparrabos frente a Lyra, su Lyra, su mujer.
Ella tragó al ver su larga verga erecta, bombeando sangre y volviéndose de un tono agresivo, pecaminoso, delicioso, comestible…
Sus ojos de bestia recorrían la suavidad de esa piel blanca perfecta, las gotas de sudor que brillaban entre los senos.
Esos pezones, de un tono rosa más oscuro, tentadores, exquisitos, y bajando por su vientre, estaba el lugar que moría por profanar, por llenar con su semilla.
Drakkar se inclinó lentamente, de rodillas entre sus piernas, donde estarían para siempre.
Ella les había enseñado todo lo que sabían del amor, del sexo, del placer que solo los mortales podían disfrutar.
Drakkar se inclinó hacia delante, apoyando sus manos al lado de sus caderas redondeadas, yendo de nuevo a por sus labios de ciruela.
No se arrepentían de haberle entregado su alma a esta mujer mortal… nunca se arrepentirían de haber elegido el amor por encima del poder.
Lyra y Aztoria eran el regalo más preciado de los Dioses para ellos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...