DRAKKAR
Lyra bajó el torso, exponiendo su flor a mi mirada hambrienta, abriéndose con los dedos, mostrándome esos pliegues de un rosado oscuro, goteando sobre la cama.
—Aquí… tómame, mi macho, te necesito ahora… dame tu simiente, anúdame, Drakkar…
Algo rugió en mi pecho y me puse de rodillas detrás de ella.
Tomé mi polla, tan erecta que dolía, y la froté arriba y abajo entre sus pétalos.
—Nena… no puedo más…
—No te contengas, mi amor, lo quiero rudo, salvaje, todo tú, tu… ¡Aahhh!...
Su grito quebrado sacudió la cueva cuando me sumergí de golpe en su vagina.
Las garras salieron sin control, clavándose en sus caderas; embestí entre rugidos de placer, golpes rápidos, buscando ese punto abultado que la hacía enloquecer.
Pronto lo encontré y apuñalé en esa dirección y hacia el fondo.
Me incliné sobre la espalda de Lyra y pasé mi lengua por toda la delicada columna.
Su cuerpo se movía bajo el mío, con las penetraciones cada vez más salvajes.
El cabello plateado colgaba de sus hombros y brillaba entre los marrones de las pieles.
Gritaba y gemía, se agarraba de las cobijas con los puños cerrados.
—¡Aaahh, qué rico, por la Diosa, me voy a venir, Drakkar, tócame más el clítoris!
Jadeó alzando la cabeza y temblando; mi mano se perdió bajo su vientre y comencé a acariciar en círculos, como me enseñó, ese puntito duro, erecto.
¿Cómo algo tan pequeñito podía excitarla tanto?
—Ly… Mmn, mi amor… —gruñí, sintiendo el movimiento vibrante dentro de mi hembra.
Esos excitantes apretones a mi verga que parecían quererme ordeñar y sacar todo mi semen.
Mis pupilas cambiaron y fueron directo a su nuca; los caninos me picaban, alargándose en las encías.
Cuando Lyra rugió su liberación, yo caí directo al abismo del placer con ella.
Me acosté sobre su espalda, dando las últimas estocadas, sintiendo mi semilla escapar de la presión de mi polla y llenarla por completo.
Abrí la boca y mordí en su nuca; reforzando nuestra marca y la profunda conexión con mi pareja.
Mi nudo pulsó y la base de mi falo se engrosó como nunca, dejándome atascado en su interior mientras seguía viniéndome.
Cerré los ojos saboreando su sangre y abriéndome la muñeca para alimentarla también.
Mi mente daba vueltas con las ráfagas de placer que jamás había sentido; sentimientos míos y los otros… eran de Lyra.
A esto se refería…
No sé cómo, pero podía experimentar todo lo que ella y Aztoria sentían por nosotros.
Ese amor tan profundo, la lujuria cruda, el deseo de solo aparearse con nosotros.
Siempre estuvieron buscando nuestra aceptación.
Ellas nos reconocieron desde el inicio y tuvieron tanta paciencia con esta bestia salvaje.
Esa alma que le habíamos entregado, se sentía llena como nunca, tan repleta de su amor.
—Mi compañera, mi vida entera… —gemí ronco, lleno de agradecimiento, lamiendo su nuca para sanarla.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...