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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 777

DRAKKAR

Todo mi cuerpo se tensó frente a los sonidos de las bestias, pero antes de defender a mi familia, los vi como se inclinaban sobre sus patas hacia ellos…

No, no hacia ellos, hacia él.

Volví a mirar a mi cachorro en los brazos de su madre, que jugaba con su pelaje, sin darse cuenta de que estaba rodeada por depredadores.

Sus ojos rojos me miraron de nuevo, fijamente, y ya no parecían los de un bebé recién llegado a este mundo.

Algo se escondía en sus profundidades, un brillo intenso, lleno de poder superior, de sabiduría, de divinidad…

—Drakkar… amor, ¿qué te pasa? —la voz de Lyra me sacó de esa visión que se esfumó de mi mente como llegó.

¿Acaso lo había imaginado?

“Yo también lo vi.” Khalum me habló con seriedad. Entonces fue “real”.

—Ly… me mostraron algo extraño… —le conté lo que me fue revelado.

Ella se quedó en silencio entre mis brazos, mientras el nudo iba bajando.

—Quizás salgas preñada de este encuentro —le dije y la sentí estremecerse, su espalda rígida—. ¿No quieres? Pero me dijiste…

—Sí quiero, mi amor —suspiró, relajándose contra mi pech, fundidos sin dejar un espacio entre ambos.

Bajé su pierna, sintiendo mi polla escurrirse con sonidos acuosos de su interior.

—El Dios Bestia me dijo que tendría sorpresas para nosotros, solo… me pregunto qué tipo de poderes tendrá nuestro cachorro —me dice con incertidumbre.

Me inclino para besarle la marca; mi sudor se mezcla con el suyo, nuestros aromas; acaricio su vientre con lentitud.

—No importa lo especial que sea, lo amaré y protegeré con mi vida. Khalum y yo lo haremos, a ambos, porque ustedes son lo más importante para nosotros —confesé con voz ronca.

—Es el cachorro de la mujer que más amo en este mundo. Será el Rey de nuestro continente —me atreví a pedirle lo que llevaba tiempo pensando.

—Quédate con nosotros, Lyra, en nuestro continente; estoy dispuesto a reclamar el trono para nosotros, para nuestro hijo, es la tierra del Dios Bestia.

Mis palabras salían apresuradas, con miedo a que dijera que no.

Si se negaba, igual me iría con ella; no nos importaba el trono, solo deseaba crear un hogar para nuestra descendencia.

Pero ella no hablaba y me iba poniendo más ansioso.

—Si no quieres y prefieres quedarte con tu familia, yo…

—Mi mate tontito —se separó y logró rodar sobre las pieles hasta estar frente a frente.

Enseguida fui capturado por esos orbes hermosos e inteligentes.

Mi mano rodeó su cintura y su pierna subió sobre mi cadera, derramando algo caliente por mi muslo al abrir su intimidad.

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