NARRADORA
—Te dije que no estaba seguro… - Fenrir respondió con fastidio.
—Ni quieres estarlo tampoco —Magnus lo giró con brusquedad y sus ojos lo miraron llenos de acusaciones.
—¿Sabes cuántos lobos mueren de deseos por encontrar a sus mates y tú estás a punto de hacer una de tus estupideces?
—¡Si tanto la quieres quédate con ella! ¡Te la regalo y ya suéltame, joder! —Fenrir apartó con ira la manaza pesada de su hermano.
Los ojos azules se enfrentaron, el cabello rojizo oscuro brillaba con los haces de luz que lograban pasar los altos árboles.
—Te vas a arrepentir de esto… si ella se entera y de verdad es tu mate… —Magnus dejó las palabras a medias, pero su punto era muy claro.
—No se va a enterar de nada si no vas de bocazas y tampoco pienso encontrarla, así que vamos a lo que vinimos —Fenrir seguía de testarudo.
Su carácter podía parecer más relajado, rayando en la comedia, pero debajo de esa capa de humor igual había un lycan lleno de temperamento.
Magnus bufó con ganas de abrirle la cabeza a su gemelo una vez más.
Como siempre le advertía del desastre y el otro pelirrojo, se pasaba su consejo por esos huevones que heredó de su padre.
—¿A dónde vas ahora? —Magnus lo siguió internándose entre los arbustos, cuidando dónde pisaban, porque el suelo aquí era traicionero.
—Me voy por mi lado, es mejor separarnos para rastrear más territorio —Fenrir ni se giró a verlo mientras avanzaba con grandes zancadas.
—Más bien di que no soportas una crítica —Magnus resopló, pensando en la mala idea que era separarse en un pantano que no conocían.
La respuesta de su hermano fue levantar la mano y enseñarle el dedo del medio antes de perderse de su vista.
—Muy maduro, como siempre —los ojos de Magnus destellaron con resignación y avanzó en otra dirección.
Su madre los había mandado en la búsqueda de un grupo de rebeldes, mezclas de brujos y hombres bestias, que se habían colado por la red.
Magnus sabía que su padre los envió a este sitio solo para apartarlos de la guerra real.
Y su madre le había preguntado a la Reina Raven por algo qué hacer, ¡lo que fuera!, ya que Fenrir estaba jodiendo todo el día con que se aburría.
—Es un mocoso frente a mamá —el enorme lycan resopló mientras se agachaba a revisar unas huellas que se veían bastante frescas.
Por aquí habían pasado personas hace poco.
Podían ser los rebeldes o cazadores de la manada del pantano.
Sus dedos delimitaron los bordes de una huella en particular muy confusa.
Por la presión en la marca no parecía de un hombre; sin embargo, eran pies algo grandes para una mujer.
O podían pertenecer a un hombre pequeño, porque la forma era de botas…
Los ojos de Magnus se estrecharon con curiosidad.
Parece que después de todo sí habría algo de diversión.
Se levantó y comenzó a seguir las huellas que lo llevarían a una presa inesperada y demasiado tentadora.
*****
Por su parte, en el campamento provisional del Lord Lobo…
—¡Como algo le haya sucedido a mi nieta porque la dejaste sola…!
Aldric se detuvo un segundo a pensar en la tortura atroz que le haría a ese peliblanco lleno de sí mismo.
Dentro de la enorme carpa de reuniones lo señalaba de pie, en un gesto acusador, mientras Silas esperaba sentado.
—Es mi hija y sabe defenderse muy bien —los ojos dorados lo miraron con frialdad.
—Además, no estaba sola, sino con su mate, algo que debo aprender a respetar.
Toma. Directo al pecho y con pulla descarada incluida.
La inspiración de los demás machos fue general.
Ya se estaban preparando para separarlos.
Aldric apretó los dientes y el puño le traqueó por la presión.
Tenía unas ganas salvajes de estamparlo en esa cara de niño bonito.
—Así que te crees mejor que yo, ¿no? —bufó dejando escapar a presión una ráfaga de aire de su nariz, el pelaje comenzaba a brotar de algunas partes de su espalda.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...