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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 780

NARRADORA

— ¡¿Y mi hermano con Lavi?! —Lyra recordó al último instante y le gritó a Silas antes de que se esfumara.

¿Dónde se habían metido Laziel y Lavinia?

—Están bien, no te preocupes. Aparecerán luego —los ojos dorados impresionantes se perdían en la oscuridad, pero no dejaban de advertir en silencio a Drakkar.

Ex Dios o lo que fuera, le hacía daño a su retoño y pasaría de las advertencias directo a la acción.

Con una nube de negrura, el Rey Espectro desapareció en la nada, siendo consumido por el piso alfombrado.

—Yo también he terminado aquí. Ya estoy viejo para andar cuidando faldas —Aldric resopló echando a andar hacia Lyra a pesar del aura opresiva de Drakkar.

Incluso Aldric tendría dificultad para acercarse, pero nadie lo separaría de su descendencia.

Le dio un beso en la frente a Lyra que se inclinó hacia él con cariño, pasándole la mano por la corta barba rojiza.

El gruñido de advertencia de Drakkar se hizo más profundo. No podía evitarlo.

— Guárdate los colmillos para los enemigos. Soy su abuelo, así que te jodes si no te gusta que bese a mi nieta - le dijo a Drakkar con ojos peligrosos.

Lyra se puso un poco nerviosa, pensando que tendría que intervenir.

Pero Drakkar solo dio un resoplido y asintió, acercándola de nuevo a él, casi estrangulándole la cintura, pero sin responderle nada grosero al Rey Lycan.

— Bien, si todo ha quedado claro, entonces iré a decirle a Vale y a tu madre que este asunto de los Dioses terminó sin más inconvenientes - Aldric se despidió sin muchas florituras.

Él mismo ya no le veía la gracia a estar tanto tiempo lejos de su mate.

Su cabeza casi llegaba a la parte superior de la lona mientras se alejaba con poderosas zancadas.

—¡Cedrick, te echas unas cervezas conmigo en esa taberna que me dijiste! —le rugió al otro coloso de músculos y testosterona —Invitemos a Vale y Raven.

—Claro, que vaya también mi pequeña nuera, porque Ámber embarazada no puede beber—Cedrick jaló del brazo a su chico.

Tantos años lejos de Aidan y ahora no lo dejaba ni mear solo.

Aidan, por su lado, hizo una mueca de resignación.

Quería escapar de estos dos viejos monstruos para estar como Drakkar de libidinoso, e ir a manosear a solas a su Nyx.

Vincent era afortunado de tener a Ámber embarazada solo para él y la justificación perfecta para encerrarse todo el día en su habitación.

Parece que Aidan se tendría que robar a su hembra y desaparecerse en un viaje muuuuuy largo.

Tomar el ejemplo de Drakkar que también se marchaba, casi arrastrando a su mate como un depredador a su inofensiva presa.

A saber lo que harían a escondidas.

—¡Dracomir, la próxima guerra asegúrate de que sea más divertida! —Cedrick gritó desde el exterior, antes de pedir los caballos para marcharse.

El paso ya estaba abierto entre los continentes.

— Príncipe, no quiero pelear contigo, eres importante para Victoria…

—Soy su padre, soy el más importante para ella —le aclaró levantándose.

El aire volvió a chisporrotear como si una tormenta se avecinara.

—¡Y yo soy su compañero, no voy a dejar que la apartes de mí! —Dracomir le rugió enojado.

— ¡No me importa tu ejército inmortal, tu poder, tus amenazas, lucharé por ella hasta morir!

La viga de madera en el centro retumbó con su rugido.

Lo dijo con tanta convicción que hasta el príncipe vampiro se tragó el veneno que tenía listo para arrojarle a la cara.

En realidad le agradaba que el Lord estuviese dispuesto a todo por Victoria.

Ambos se quedaron mirándose, midiéndose, en una delgada línea entre el entendimiento o la ruptura sin retorno.

Dracomir lo vio abrir la boca y se preparó para el próximo desplante de su suegro.

Parece que los celos patológicos eran como una enfermedad contagiosa en esta familia.

—Mi hija y tú…

—¡Dracomir…! —la lona fue apartada y las palabras célebres de Zarek se le quedaron atascadas en la garganta.

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