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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 782

MAGNUS

“Hay ruidos adelante, mantente alerta”, mi lobo Grimm olfatea el aire y me da el aviso.

Mis botas pisan en terreno inestable; la verdad es que este pantano es un incordio.

Además, muy buena guarida para esconderse, porque a medida que penetras en la zona, una niebla nauseabunda se va haciendo más espesa.

“Creo que deberías taparte la nariz; a pesar de mi resistencia, este olor me está afectando, creo que es tóxico.”

Me advierte, pero ya estamos sumergidos por completo en la niebla y, efectivamente, había cuerpos moviéndose delante.

No me da tiempo a taparme el rostro cuando una de las sombras se precipita hacia mí.

—¡¿Yuri… eres tú?! —me ruge la voz de un hombre y estrecho las pupilas para descubrirlo.

—¡Corre, corre, maldita sea! —me grita confundido, pero ni soy el tal Yuri, ni pienso correr a ningún lado.

Lo intercepto y, frente a sus ojos de terror y asombro, ataco directo a su garganta.

No tengo dudas de que es uno de los rebeldes que escaparon.

Lo delata su condición de hechicero.

Avanzo con cuidado de no hundir el pie en alguna trampa mortal del pantano.

A unos metros, centellas y luces, voces y cruces de golpes me dicen que hay una pelea en marcha.

¿Pero quién contra quién?

El ambiente tan confuso no me deja ver bien y me meto a ciegas a pelear.

Me encuentro con otro hechicero escapando y, en medio de una islita, pelean dos más.

El olor tan fuerte y penetrante a descomposición y algo raro me está comenzando a afectar.

“Grimm, aprieta los malditos dientes y resiste” le rujo a mi lobo.

Aún no veo la necesidad de transformarte en lycan.

Salto sobre la ciénaga y caigo de golpe en tierra firme.

Dos hombres pelean y mis ojos y nariz me indican que uno usa magia y el otro es parte animal, quizás un hombre lobo.

Muevo la cabeza con fuerza para espabilar; es peligroso este sitio y estoy siendo temerario, lo sé, pero confío en mi fuerza.

Veo al tipo que podría ser un hombre lobo caer al suelo y el mago soltando una especie de magia fría.

Parece ser hielo, como el mate de Nyx, pero los magos también invocan energía fría.

Corro sin perder el tiempo antes de que baje la daga brillante que tiene en la mano y lo remate.

Mis garras se extienden hacia su garganta, pero saltó con agilidad lejos de mi cuerpo.

Nos quedamos mirándonos en medio de la bruma, midiéndonos.

Había algo raro aquí … ¿estaba metido en alguna especie de ilusión?

Era un guerrero un poco bajo, pero se veía robusto; llevaba todo el rostro y el cabello tapado por una capa pesada, dejando solo afuera los ojos.

Inteligente. Lo hace para no verse afectado por este extraño ambiente de niebla.

Jamás había visto un bicho tan gigantesco, de varios metros, y eso que se encontraba enroscado.

Los ojos blancos miraban en mi dirección, aunque parecían ciegos, quizás porque vivía bajo el suelo y aquí no llegaba mucho la luz del sol.

Sus siseos se hacían cada vez más agresivos.

Los anillos de escamas se movieron, preparados para atacar, con los colmillos goteando ese líquido negro que me lanzó y seguía quemando mi pecho.

—¡No la enfrentes, huye, huye! —antes de convocar mi transformación para luchar, mi mano fue agarrada por una más pequeña cubierta por un guante de cuero.

Me empujó a un lado y no opuse resistencia.

Saltamos lejos del feroz ataque en látigo de la cabeza reptiliana y seguimos corriendo.

A través de la bruma y los obstáculos.

Algo me decía que era la zona más peligrosa del pantano, pero mi nueva socia parecía saber adónde nos movíamos, o al menos eso pensé.

Se detuvo de golpe y casi choco con su espalda.

De cerca me di cuenta de que sí era alta para ser una hembra; incluso bajo las capas de ropas masculinas se veía un poco… voluminosa.

El olor a lavanda luchaba por escapar de su cuerpo y, mientras ella miraba hacia delante, a la laguna profunda, yo no pude evitar bajar mi nariz e intentar olfatear por encima de la tela en su cabeza.

—¡Joder, joder, me metí por el peor sitio… ahora no sé…! ¡¿Qué coño haces?!

Se giró con un rugido enojado; creo que me había pillado oliéndola.

—No sé de qué hablas, solo te seguía y, a todas estas, ¿quién eres? —fruncí el ceño intentando mostrar la tranquilidad, que en realidad no sentía.

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