MAGNUS
No sabía qué le sucedía a mi lobo; él no se comportaba así.
Pero cuando esos ojos grises volvieron a atravesarme con molestia, no pude apartar la mirada de ellos.
—Claramente, no soy de los rebeldes, yo soy… —antes de presentarse, volvió a tensarse.
Esta vez yo también activé mis instintos y me dejé de estupideces.
Algo se movía en el agua, que comenzó a burbujear; lo peor de todo es que el siseo y el sonido de arrastre nos perseguía y se iba acercando.
Creo que ganamos tiempo cuando se detuvo a comerse al hombre bestia herido, pero ahora ya nos daba caza.
— ¡No nos queda más opción! ¡Vayamos por ahí, aléjate del borde de la ciénaga!
Ella gritó justo a tiempo para que el agua turbia se sacudiera y saliera una especie de caimán ultra grande.
¿Qué m****a le daban de comer a los animales aquí?
La volví a seguir, ahora huyendo de dos depredadores, pero no llegamos lejos.
Entendí por qué se resistía a tomar este camino: era una trampa mortal.
Sin mucho aviso, el suelo cedió bajo nuestras botas y, a pesar de rugir y luchar, fuimos tragados al fondo de un agujero.
Parecía cavado como una trampa mortal por alguna de esas bestias.
La agarré en el aire, pegándola a mí; todos mis instintos me gritaban que la protegiera.
Caí de espalda unos metros más abajo, solo la tierra húmeda, con ese cuerpo rellenito y suave golpeando sobre el mío.
Mi mano acunó su cabeza para que no se hiriera con alguna raíz o piedra, y la otra se apretaba sobre su cintura.
A nuestro alrededor solo había oscuridad y ese aroma desagradable que no dejaba de escocerme la nariz.
Mis pupilas se fijaron en el hueco redondo a unos cuantos metros sobre nuestras cabezas, y la niebla turbia no me dejaba ver muy claro.
Pero tenía un mal presentimiento: el peligro se acercaba y ahora estábamos en un sitio estrecho y muy fácil de asediar.
— ¡Maldición, esto es un desastre!, ¡¿me puedes soltar o te quedaste pegado a mi cuerpo?! —exclamó bufando, y me di cuenta de que seguía apretándola contra mí.
Debía admitir que las curvas que se insinuaban bajo la ropa masculina no se sentían nada mal en mis toscas manos.
Se puso de pie llena de maldiciones y, antes de que pudiese ponerme a escalar, ella se bajó la capucha y la cubierta del rostro.
Subió las manos y cerró los hermosos ojos para invocar esa magia invernal.
La temperatura cayó vertiginosamente y capas de hielo comenzaron a cubrir las paredes de tierra y a sellar el hueco del techo como una barrera.
Fruncí el ceño mientras más y más nieve flotaba a nuestro alrededor.
Sin embargo, me encontré fascinado con esa piel tan blanca como porcelana en su rostro llenito.
No era una mujer delgada, de las delicaditas; incluso bien disfrazada, podía hacerse pasar por un hombre debido a su altura y gestos un poco bruscos.
En lo que yo volvía a estar atontando observándola, ella hacía algo útil sellando la cueva.
“Grimm, ¿por qué me siento así? ¿Por qué estás tan interesado? ¿Acaso… ella…?”
“No siento a su loba interior; he intentado conectarla, pero… solo encuentro un vacío y mucho frío.”
Me respondió y, sentado aún en el suelo, mis orbes repararon en el cabello blanco que ondeaba con la ventisca.
Magia de invierno, pelo blanco y una hembra que luchaba como una guerrera.
Subió la mirada y esos ojos grises hermosos estaban al alcance de una pequeña inclinación.
Mi mirada vagó por el arco de la delicada nariz y esos labios tan carnosos y besables.
Mi lobo seguía empujando para conocerla, para conectar con su loba.
—¿Quién eres? —hice la pregunta que me atormentaba, deseando que la respuesta no fuese la que creía.
—Mi nombre es Hannah, soy una mujer de invierno y la hija del Alfa Hakon del pantano.
Todas mis esperanzas se derrumbaron con sus palabras.
Claro, ¿qué posibilidades había de que una loba hiciera magia y justo de invierno?
Solo los dos clanes especiales de este continente podían realizar este milagro.
Centurias y Hombres de Invierno. Escuché que había nacido una mujer invernal, de manera milagrosa.
Cabello blanco, luchadora, una guerrera que participó en aquella disputa por Nyx.
—¿Y tú eres?… Aunque me imagino por tu cabello rojizo…
«No, no te lo imaginas» murmuré en mi interior, escuchándola nombrar a mis padres, a mis sobrinas, mi familia…
Mi lobo se quedó en silencio, sin presionarme más, pero sentía su inquietud.
Su curiosidad por ella, su deseo de explorarla, de comprobar lo que sospechábamos.
Si al menos tuviese a su loba presente…
«No te imaginas que soy el hermano del hombre que puede ser tu mate y yo… quizás lo sea también.»

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...