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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 784

HANNAH

“¡¿Qué me está sucediendo con este macho?!”

—Príncipe lycan, recuéstate sobre tu túnica —le pedí con la voz saliéndome más mandona de lo habitual.

Intentaba sonar tranquila. ¡O sea, yo siempre he sido una mujer llena de confianza! Pero algo en él me ponía nerviosa.

—Llámame solo Magnus —volvió a rectificarme y asentí en un incómodo silencio.

Aparté un poco la mirada al verlo quitarse la túnica hecha jirones y luego la camisa para acomodarlas en el suelo de la cueva.

Diosa, este macho fue hecho a mano, maldit4 sea su genética.

Qué bueno estaba, con los músculos abultados y marcados en los lugares correctos.

Era enorme, de espalda ancha y cintura estrecha.

El pantalón se le ajustaba bien sexy al trasero y jamás pensé que un cabello rojizo cayendo por la espalda me llamaría tanto la atención.

La piel blanca era más dorada en los hombros por el sol; se notaba que se ejercitaba y cazaba.

Se acomodó para acostarse y dejar al descubierto la parte delantera de su cuerpo.

Mis ojos indiscretos no pudieron evitar repasar el marcado bulto en su entrepierna y mi cuerpo entero se estremeció de deseo.

Algo caliente se removía en mis venas y mi corazón latió deprisa.

Siempre he tenido problemas para encontrar amantes que me satisfagan o que no se sientan intimidados por mis curvas y tamaño.

Soy una mujer algo robusta, grande para el promedio.

Herencia de mis padres. Mi padre es un Alfa salvaje, criado en estas tierras peligrosas, llenas de bestias y un clima desafiante.

Mi madre es la Beta Centuria, la mano derecha de la Reina Raven, y también es una pelirroja bien grandota.

Yo soy gemela con Abigail, pero no nos parecemos mucho. Ella es la delicada, más pequeña, la elegante y femenina.

Yo soy la versión peliblanca salvaje.

—Voy… voy a revisarte; si te duele mucho, me tocas… —le advertí, queriendo concentrarme en curarlo.

De rodillas a su lado.

Me sentía rara desde que lo miré de cerca la primera vez.

—Puedo hacer eso sin problemas… lo de tocarte… —su voz más baja y lobuna me respondió.

Mis ojos volvieron a conectar con esos azules demasiado intensos.

¿Por qué sentía que esas palabras tenían doble sentido?

—Me detienes solo si el dolor es insoportable… —tuve la necesidad de aclararlo.

Porque juro que, si me aprieta de nuevo con esas enormes manos tan cálidas y rudas, soy capaz de gemir.

—Claro —respondió la voz vibrante.

¿Por qué sentía ese aroma tan oscuro y sensual saliendo de él?

Esencia a ahumado, a hoguera, a madera perfumada quemada lentamente.

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