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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 785

HANNAH

Tragué en seco sin atreverme a preguntarle qué otra parte del cuerpo le dolía.

Este lycan tan serio, estaba resultando ser más descarado de lo que aparentaba.

— No… no soy curandera, solo puedo aliviarte del veneno… — intenté sonar segura, pero mi voz traicionera salió como un jadeo.

— Estoy seguro de que puedes aliviarme de muchas cosas…

“¡Oohh para el carro principito!”

Subió la mirada y me perdí en ese azul eléctrico, como si una tormenta se moviera en su interior.

No era idiota, tenía edad suficiente como para saber cuándo un macho se estaba excitando y coqueteaba conmigo.

Mi mente iba siendo seducida por ese aroma erótico que me llamaba a hacer locuras.

No era tímida en las relaciones; a pesar de tener un padre tan controlador, por mi cama habían pasado varios amantes.

Ya sabes eso de que mientras más te lo prohíben, más lo deseas experimentar.

Sin embargo, nunca se habían dado las cosas tan deprisa.

Me vi inclinándome hacia esa boca llena de promesas ardientes.

El olor ahumado me envolvía y rodeaba como si se colara por debajo de las capas de ropa y me acariciara la piel.

Sus pupilas lujuriosas se estrecharon sobre mis labios y nuestras respiraciones se entrelazaron…

Pero, a punto de caer en la más loca tentación, él hizo una pausa y fue quien se retiró.

Bajó la mirada ocultándose de mí y se echó hacia atrás, claramente rechazándome.

El pecho se me estrujó de manera desagradable, mi orgullo se agitó y de repente me sentí tan idiota.

¿Pensaría que era una mujer muy fácil? ¡Pero él fue quien inicio todo esto!

—Lo lamento, yo… — para colmo hasta me pedía perdón. Esto fue humillante.

—No tienes que disculparte por nada, solo acabar de tumbarte en la maldita manta.

Me retiré también, tomando distancia; mi voz salió más brusca de lo que pretendía.

—Eso si quieres que saque el veneno; si no, puedes esperar a morirte lentamente.

“Maldita sea, Hannah, no muestres cuánto te afectó que te hiciera la cobra”, mascullé en mi interior, limpiando la punta de la daga con la capa.

Casi le saqué brillo de la ira que llevaban mis movimientos.

Pero estaba enojada conmigo misma y las estúpidas reacciones de mi cuerpo necesitado.

Llevaba un buen tiempo sin sexo y me estaba pasando factura.

—Hannah, no te enojes… —su voz se escuchó cerca, más baja, y por el rabillo del ojo vi que extendía la mano para sostener la mía.

—No tengo por qué enojarme, y dígame de una vez, príncipe lycan, ¿lo curo o no? —moví mis brazos, alejándome de su toque, y lo miré directamente al rostro.

De nuevo su frente se fruncía, ese gesto pensativo que parecía muy propio de él.

Después de lo que pareció una eternidad mirándome fijamente, se recostó sobre su propia ropa dando un resoplido.

Miré a su pecho, más concentrada en la tarea.

A pesar de que el deseo seguía en las profundidades de mi alma, se habían aplacado un poco esas “necesidades sexuales” que me asaltaron.

Palpé la zona enrojecida y, antes de que siguiera expandiéndose, la congelé un poco con mi magia y comencé a apretar hacia el punto de drenaje.

Un líquido negro y sanguinolento empezó a salir con la presión.

—Mnn —gimió por lo bajo y sabía muy bien que los “cariñitos” de mis manos no eran leves.

Nada que ver con la venganza por rechazarme… claro que no… solo lo curaba.

—De nada, es mi deber como hija de la Beta Centuria… —fui a levantarme sin darle importancia, pero mi brazo fue sostenido tan fuerte que perdí el equilibrio.

Caí hacia delante y, por instinto, recargué las manos a sus hombros.

Mis senos casi impactan contra sus pectorales y la dura barbilla masculina rozó mi frente.

—¿Qué… qué haces?

Luché un poco por separarme, pero mi nuca fue retenida con posesividad, controlada y haciéndome subir la cabeza.

Los dedos rudos, hundidos en esa área tan sensible donde iría la marca de mi mate, me hicieron temblar de pies a cabeza.

—No te quise rechazar antes…

¡Diosa, por qué caes de nuevo en lo mismo y, lo peor…! ¡No me mires con esos ojos de bestia hambrienta!

Su hermoso rostro justo encima, su nariz a punto de acariciar la mía.

—No te he pedido explicaciones, ya lo olvidé…

—Pero yo no lo olvidé, y sí, quiero darte muchas explicaciones —susurró, mirando directo a mi boca.

Su tono salvaje, lleno de depredación y oscura seducción.

— Nunca había deseado tanto besar a una hembra, me pareces… exquisita —incluso sacó la punta de la lengua para saborearse y un dedo pulgar acarició la pulpa de mi labio inferior tembloroso.

— Perfectos para morderlos y chuparlos…

Un jadeo escapó de mi garganta ante su descaro y algo primitivo se revolvía en mi interior.

Mi coño palpitaba, excitándose, y el calor arrasaba en mis venas.

—Eres un atrevido… — «¡Respóndele algo más inteligente, mujer!»

—Y eso te está encantando, ¿crees que no huelo lo caliente que te has puesto? —metió la nariz en el hueco de mi cuello, aspirando profundamente mi aroma con un gruñido de placer que estremeció mi mundo entero.

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