HANNAH
Su mano se cerró con dominación en mi nuca y la otra subía por mi muslo, pasando las garras por encima de la tela del pantalón.
—Creo que ambos sabemos que, si meto un dedo dentro de tu braga, vas a estar empapada bebé… puedo escuchar los sonidos pervertidos y mojados de tu coño desde aquí…
—Mmn —un gemido traicionero escapó de mis labios al sentir su lengua lamer mi clavícula lentamente, saboreando mi sudor, empujándome con su enorme cuerpo hacia el suelo.
Mis dedos se hundían en su cabello rojo oscuro y el corazón me latía desbocado.
No, no, esto va demasiado rápido.
Me siento rara, algo extraño le pasa a mi cuerpo, mi mente está confundida y mi pecho duele demasiado.
Y cuando me hizo una pregunta inesperada… terminé por despertarme.
—Sshhh… hermosa hembra… ¿Dónde está tu loba, mi pequeña Hannah?
Mis ojos se abrieron para ver el techo blanco de la cueva.
Estaba a punto de caer sobre el suelo con ese enorme lycan montado sobre mí.
Lo empujé de golpe, tomándolo por sorpresa, y me incorporé como un resorte.
—Pero, ¿qué…? —había caído pesadamente.
—Esto es un error —le dije, volviéndome a cerrar la camisa, toda desarreglada.
Aun el calor de su cuerpo vibraba sobre mi piel, mis pezones erectos y mi sexo pidiéndolo a gritos.
—¿Qué sucedió? ¿Hice algo mal? - las dudas destellaban en sus orbes.—Si fue por lo del beso de antes, Hannah, puedo explicarlo…
—No es por nada de eso, simplemente, estamos aún en peligro, no nos conocemos de nada y aunque eres un hombre muy interesante, no es el momento para… esto…
Le solté de carrerilla todas las opciones lógicas, pero a la vez me parecían tan absurdas.
Ninguna criatura pasaría mis barreras y aquí adentro no podían olfatearnos ni sentirnos.
Su rostro era una mezcla de contradicción, lujuria y a saber qué más…
Diosa, si se le marcaba todo el penesote empujando contra la bragueta y, maldición, esa silueta abultada gritaba: “te voy a perforar hasta dejarte inválida varios días”.
—Hannah, no quería presionarte, ¡Joder, si es que parezco un idiota! —masculló, rugiendo bajo y mesándose el cabello de manera ansiosa.
—Claro, hablemos, hermosa, conozcámonos primero…
—Lo lamento, príncipe, pero estoy cansada —odié ver la desilusión en sus ojos azules cuando lo rechacé
— Durmamos y recuperemos fuerzas, mañana busquemos cómo salir; con la luz del día… todo se ve más claro…
“Y ya no estarás tan caliente y excitado como ahora. Me verás con otros ojos”.
—Si estás cansada, entonces… descansa —su voz salió cargada de renuencia, pero no me forzó a continuar, lo cual agradecí.
No me reconocía ni a mí misma.
Jamás había sido de las indecisas y mucho menos de las cobardes que huían.
Pero me retiré al rincón más apartado de él, quitándome el seguro de la capa y arrojándola en el suelo a modo de manta.
Me recogí un poco el cabello, medio alborotado por el jaleo, y, dándole todo el tiempo la espalda, me acurruqué en mi esquina oscura.
Las paredes de hielo emitían un tenue resplandor azulado por la presencia de magia y no dejaban este agujero en la completa penumbra.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...