MAGNUS
Siempre me han atraído las curvilíneas, porque me va el sexo rudo y apasionado.
Bombear fuerte y profundo, montar sobre una hembra indomable… como ella.
Nada de esas mujeres delicaditas y remilgadas que hay que tratarlas como porcelanas.
Hannah es perfecta, joder posee todo lo que me hace hervir la sangre, me tiene completamente hechizado.
Su piel tan blanca, esa belleza natural y las pequitas sobre su nariz; sus formas sinceras y sin florituras.
He tenido que contenerme, y mucho, para no saltarle encima.
“¿Por qué no la besé cuando tuve la oportunidad?”, volví a recriminarme con ira.
Pero sé muy bien lo que me separó de esos labios que me tentaban a devorarlos… Fenrir.
Él solo había dicho que a su lobo le atrajo una mujer con magia fría, así como la de ese Clan de Invierno.
Ella encajaba perfectamente con las características y estuvo en esa caótica guerra.
¿Y si teníamos la misma mate?
Me quedé pensando en esa posibilidad sin dejar de mirar al área de su nuca y, por más que intentaba verme compartiéndola con mi gemelo… no podía.
Ni con él ni con ningún otro macho… ¡Nadie podía tocar lo que era mío!
Grimm rugió dando vueltas en mi cabeza; él se sentía como yo, frustrado, renuente.
Fenrir era más que mi hermano, era mi mejor amigo; siempre habíamos estado juntos a pesar de nuestros caracteres tan diferentes.
Mamá y papá nos enseñaron a ser unidos, a cuidarnos las espaldas; lo compartíamos todo, pero no podía hacer esto…
Imaginarlo a él follándose a Hannah mientras yo los miraba no me excitaba, sino que me daba repulsión y unos celos rabiosos que me consumían.
Por eso dudé en besarla, yo… ¿Tengo que renunciar entonces a ella?
“¡NO!”, la respuesta de Grimm me llegó sin titubeos.
Sin embargo, para mí no era tan fácil robarle la mate a mi hermano, aunque él dijera que no la quería.
No la conocía, pero Hannah era encantadora, hermosa, valiente, audaz, tan sexy… Fenrir se podía enamorar de ella sin esfuerzos.
“Grimm, tú no estás seguro… quizás es una atracción compartida de gemelos… tal vez ella no sea tu alma gemela … No tiene a su loba para comprobarlo”.
Las sospechas me carcomían.
Seguía dándome excusas, pero mi cuerpo ardía en deseos cada vez que mi mirada la repasaba de arriba abajo.
“Sabes muy bien la respuesta a todas esas gilipolleces. Magnus, a veces necesitas a varias mujeres para excitarnos y estamos con la polla a punto de fracturarse de solo mirarle la espalda a ella”.
Grimm me hundió por completo las esperanzas.
Con loba o sin ella, estaba prácticamente seguro… Hannah tenía que ser nuestra mi mate y eso lo demostraba la locura que estaba haciendo ahora mismo.
La lujuria me tenía meneando las caderas hacia delante y con un tortuoso vaivén sobre el suelo.
En un silencio forzado, mientras mi mano iba acelerando sobre la forma de mi verga.
Jadeos pesados se escapaban de mi garganta.
Pensé en sacármela de los pantalones porque iba a terminar viniéndome dentro y eso sería un desastre.
Con la polla afuera de la bragueta, di un suspiro de alivio y las corrientes de éxtasis me bajaron por la columna.
La paja solo se hizo más intensa, sacudiéndome el pene en la oscuridad como un pervertido acosador.
Masajeaba en los puntos que me estimulaban bien rico, mientras imaginaba que era su grandote coño cerrándose a mi alrededor.
“Hannah… muero por tocarte… por penetrarte hasta que grites mi nombre… sshh, quiero tanto follarte, mujer…”
Mis ojos cambiaban a los de mi lobo, sentía un calor que salía a raudales de los poros, un rugido primitivo en mi pecho.
—Hannah… —tomé su cintura y la hice girarse hacia mí, trepando sin perder tiempo sobre su delicioso cuerpo.
Sujetándole las manos encima de la cabeza para dominarla.
Gruñí entre dientes al sentir el roce de mi polla contra la tierna piel de su vientre.
Lo que me faltó para menear las caderas y terminar de venirme, fue nada.
El poco raciocinio que me quedaba se fue a volar cuando vi su rostro sonrojado.
Esos hermosos orbes grises, vidriosos, observándome entornados.
Los labios jadeaban sin control y esos pechotes bajaban y subían con la respiración acelerada.
Su cabello blanco abierto en abanico, parecía brillar como la nieve más pura.
—Duele… Mmnn, Magnus, duele mucho… entre las piernas… —gimió, retorciéndose bajo mi cuerpo, con los pezones duros a punto de perforarme un ojo.
Diosa, no puedo… no puedo resistir esta tentación.
Lo lamento, hermano, de verdad… pero esta mujer… no estoy dispuesto a entregártela.
—Yo te quitaré el dolor, mi amor… te voy a complacer y satisfacer tu celo, mi hermosa mate.
Fueron las últimas palabras estranguladas que salieron de mi boca antes de inclinarme sobre Hannah y besarla como un loco apasionado.
Nuestros cuerpos ardían, consumidos por la lujuria del celo.
Nuestras almas se llamaban por la conexión del lazo.
Mi lobo rugió y aulló, llamando a su compañera; podía sentirla dormida debajo de las capas de hielo.
La voy a amar tanto que querrá salir a conocernos, a entregarse por completo a nosotros.
Esta noche, en este pantano salvaje, conocería la verdadera y más profunda felicidad.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...