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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 788

MAGNUS

La boca de Hannah sabía a pura gloria. Sus labios gruesos eran un manjar que no me cansaba de chupar y mordisquear.

Mi lengua se metía hasta las profundidades de esa cavidad, explorándola y robándole el aliento.

Mis manos no se detenían, acariciaban todo su cuerpo y la desnudaban con algo de ansia.

Ella no se quedaba atrás. Hannah podía tener magia invernal, pero era puro fuego como mujer.

También sabía que el celo nos estaba consumiendo los pensamientos y solo quedaba la lujuria.

Le quité la chaqueta y desabroché los botones de su camisa, retirando todas las capas hasta que las palmas de mis manos quedaron atrapadas por esos generosos senos.

— Mnnn —Hannah gemía, retorciéndose bajo mi cuerpo.

Mi lengua pasaba por su barbilla, delimitando la línea clara de su mandíbula y descendiendo por el suave cuello.

Amaba cómo sabían las gotas de su sudor y el aroma a lavanda me tenía a punto de correrme en los pantalones.

La polla me colgaba por fuera, medio desnudo, buscando la mínima oportunidad para restregarme por cualquier parte de su cuerpo como un animal cachondo.

— Joder, joder, qué grandes… shhhh, qué ricas tetas, mi amor… —me metí de cabeza entre esas montañas.

Tomé cada una en una mano y comencé a manoseárselas, a juntarlas mientras mi nariz las olfateaba profundamente y mi boca iba directo a uno de esos pezones tan duros.

La chupé salivando, embarrando su blanca piel, apretándola y alternando los cariños entre mis dos nuevas mejores amigas.

Los gemidos de Hannah se mezclaban con los sonidos pervertidos que hacía al mamar, ahogado en sus senos.

Montado en uno de sus muslos, mis caderas comenzaron a menearse, restregándole toda la polla sobre el pantalón.

Sentía el líquido preseminal escapar cada vez más abundante.

Mis testículos, aplastados en los calientes roces, tensos y desesperados por descargarse.

Pero no lo haría solo por una paja rápida; necesitaba más, lo quería todo…

Mientras mi boca se daba un festín, mis manos descendieron y fueron a por los botones y el cinturón de su pantalón.

Ahora sí que la prefería en vestido, porque era más práctico para desnudarla.

Pero eso no me detendría y, mientras mi hermosa mate se retorcía de placer y metía esas manitos en mis cabellos, sacándome suspiros complacidos, yo la despojaba de todas las barreras.

— Espera, nena… shhh, levanta esas nalgotas preciosas que tienes —me logré incorporar de rodillas, entre sus piernas abiertas.

Le iba bajando el pantalón, pero mis ojos se clavaron en las marcas de mis dedos y labios por toda la piel blanca de sus pechos.

Las areolas estaban de un rosado intenso por mis succiones y esos picos brillaban llenos de saliva.

Resistiendo la tentación de seguir comiéndome sus senos, pensé en que lo mejor me esperaba entre las piernas de Hannah.

Elevó las caderas y me dejó bajarle la prenda.

Tomé una de sus piernas y, con cuidado, le quité la bota para ir por la otra.

A pesar de que la polla me dolía y temblaba parada, apuntándola como un arma blanca, resistí mis propios deseos para no lastimarla.

No era nada pequeño de tamaño; los lycan nunca lo tenían fácil con sus parejas.

Pero esa mujerota maciza y llena de curvas que me abría las piernas, más que dispuesta, estaba seguro de que podía tomarme y darme la satisfacción que nunca había encontrado en otra.

Aproveché también desnudarme por completo y sacar a tirones mis zapatos.

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