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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 790

MAGNUS

— ¡Aaahh! —Cuando cerré los dientes sobre su nuca y los hundí profundamente, Hannah dio un rugido que sacudió la cueva.

Su cuerpo entero tembló y cayó sin fuerzas sobre las mantas.

La sostuve, rodeándola con mis fuertes brazos mientras la marcaba y anudaba.

Un destello azulado me hizo cerrar los ojos y aferrarme más a ella.

Provenía de la liberación de su magia que salía en olas de poder hacia el exterior de su cuerpo, haciendo que la cueva se congelara en gruesas capas.

Soporté el frío que no me hacía daño y me abrí una herida en la muñeca para darle de mi sangre.

Sentí sus caninos atravesando mis venas y Hannah bebió de mí con hambre, con un deseo voraz, como si me necesitara desde siempre.

Empujé más de mi líquido vital en su boca, abrazados y sudando, enredados, sin saber dónde terminaba uno y empezaba el otro.

En medio de la vorágine de pasión, de tantos sentimientos, de la magia fría flotando alrededor de mi cuerpo y rodeándome posesivamente, una voz se coló en mis pensamientos.

Era tímida y dulce, todo lo contrario al tono decidido y hasta desafiante de mi valiente curvilínea.

“Te acepto como mi mate, mi compañero y la otra mitad de mi corazón. Mi nombre es Niva, soy la loba omega de Hannah y ella… también desea entregarse a ustedes”.

Con un aullido de éxtasis, Grimm la acunó, saltando sobre ella y sellando sus espíritus en uno solo.

Atando el lazo que la Diosa creó entre sus almas.

Besé con cuidado la herida de mis dientes en su nuca y no pude evitar sonreír con los ojos cerrados, mientras le daba besitos de felicidad.

“Niva… llevas mucho tiempo dormida, preciosa lobita”.

Hablé con ella y me enterneció cómo se escondía tímidamente detrás de mi lobo, que la rodeaba lleno de posesividad.

La lamía y olfateaba; la buscaba desesperado porque ella desprendía ese olor oscuro a seducción y celo, al igual que Hannah.

“Yo la desperté, tomó de mi fuerza y escuchó mi llamado. Niva es mía”, mi lobo declaró dominante.

Su pelaje rojizo oscuro se mezcló con el blanco brillante de su pequeña omega.

Era increíble que, siendo tan ruda y fuerte, Hannah tuviese una loba omega en su interior.

Creo que la magia de invierno fue la que formó su carácter y, quizás, la crianza con un padre tan salvaje.

La abracé con más fuerzas, casi queriéndola fundir en mi cuerpo, mientras nos hacía rodar de lado y caer por completo sobre la capa.

La lengua mojada de Hannah cerraba la herida en mi muñeca; sentía el tirón único y exclusivo entre ambos, el vínculo de mates estaba hecho.

Ella iba saliendo de esa bruma de lujuria y placer que cubría nuestras mentes durante el celo y más por la marca recién hecha.

— Mmnn, Magnus… —gimió al moverse y sentir el grueso nudo metido hasta lo profundo de su sexo.

Masajeé su vientre y le moví un poco el muslo para aliviar la presión.

— Lo lamento, nena, pero me vuelves loco, Hannah; era imposible no anudarte —besé de nuevo su cuello, sintiendo sus estremecimientos.

El reclamo lo había respondido su loba, pero Hannah había estado muy de acuerdo; lo sabía por los sentimientos que ahora compartíamos.

— Mi loba… lograste que apareciera —susurró en la oscuridad, girándose un poco para acariciar mi cabello entre sus dedos.

Su aroma me hacía suspirar de placer y estaba derretido contra esas nalgotas y esas curvas sensuales.

— Creo que tendrán mucho de qué hablar ustedes dos, pero ahora… son nuestras… —me incliné a chupar el lóbulo de su oído, disfrutando de su gemido.

El celo aún no pasaba y las llamas se iban encendiendo demasiado fácil.

Mi lobo estaba siendo más rápido que yo.

— Dime, mi mujer de invierno, Niva respondió al vínculo, pero tú… necesito escucharlo de tu boca, Hannah… saber que solo serás mía.

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