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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 791

FENRIR

Avancé en silencio y me escondí en las sombras, observando el claro donde dos tipos habían hecho un sencillo campamento.

Evalué con rapidez la situación. Era obvio que se trataba de los hechiceros fugitivos que no querían someterse al Rey Alfa Cedrick.

La verdad, esperé encontrarme a más de ellos, pero lo que me preocupaba no era la cantidad, sino la mujer que tenían de rehén.

Estaba atada a un árbol e intentaban darle algo de beber mientras ella luchaba y se resistía.

“¡Tenemos que salvarla, a qué rayos esperas!”, mi lobo Gale me empujaba a actuar.

“Hay una protección mágica alrededor para no ser detectados”, fruncí el ceño al sentir la magia agresiva intentar repelerme.

“¡No importa, no es un obstáculo para nosotros!”

Él tenía toda la razón, la energía selénica en mi interior me permitía burlar estos pequeños trucos.

Pero apenas di un paso adelante, listo para salir de los arbustos, cuando la escena se volvió animada.

—¡Te dije que si me ensuciabas de nuevo el vestido te ibas a arrepentir! —la voz femenina rugió y, acto seguido, se escuchó el grito de agonía de uno de los magos.

La hembra había levantado la rodilla y, mientras él intentaba darle algo en la boca a la fuerza, fue directo a golpearle sus cositas.

—Ush —hasta yo hice una mueca de dolor y sentí cómo mis bolas se recogieron, tensas.

Joder, eso dolía a punto de querer llorar.

Por supuesto, el hombre cayó al suelo sosteniéndose la entrepierna con las manos.

—¡Mitch! ¡Maldita sea, te dije que no te acercaras tanto a ella!

Fue socorrido por el otro hechicero; entre maldiciones y palabrotas, ni siquiera percibieron que los estaba cazando.

Aún escondido bajo las sombras de las ramas, observé por un segundo a la mujer atada.

Ahora tenía la cabeza baja y un largo cabello rojizo caía sobre sus facciones.

Los tonos en las hebras eran más vivos que el rojo oscuro en mi propio pelo y parecían brillar con los rayos del sol.

No podía detallarla bien, pero sí sentía su respiración acelerada y algo en ella resultaba demasiado… extraño.

Mi propio lobo la miraba con una mezcla de curiosidad e interés al no poder definir su aroma.

—¡Ahora te vas a enterar, ya me harté de tus berrinches de princesita! — el rugido del macho golpeado me sacó de mi exploración.

Logró recuperarse y se levantó lleno de ira, tomando uno de los leños de la fogata.

—¡Veremos si de verdad manejas el fuego como dicen!

—¡Mitch, no, no sigas provocándola, las Centurias son impredecibles!

No esperé más y fui directo a inmiscuirme.

Salté, atravesando la protección mágica y cayendo con un estruendo detrás de ellos.

El suelo vibró y mis garras fueron directo a su cuello.

Con un alarido, el hombre soltó el leño mientras atravesaba su garganta.

Cayó al suelo desangrándose enseguida.

Me giré con los caninos afuera y subiendo la mano para defenderme de un ataque mágico furtivo.

—¡¿Quién eres?! —el otro tipo gritó con los ojos llenos de pánico y buscando por donde huir.

—No tiene importancia que lo sepas —mi sonrisa sádica se acompañó del movimiento de mi mano bajando al cinturón.

Saqué mi daga de la funda y la arrojé a su espalda mientras escapaba corriendo.

Cayó con un golpe seco y el pecho atravesado desde atrás.

—¿Estos eran los famosos rebeldes del pantano? —bufé, porque daban hasta pena, pero entonces…

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