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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 796

FENRIR

—Solo… bueno, no quería que se te mojara la ropa… —“ni la braga”.

Comencé a balbucear todo tipo de justificaciones, una más idiota que la otra.

De repente se incorporó, sentada, y esos preciosos pechos rebotaron.

Yo luchaba por mirarle a los ojos y entonces me di cuenta de que algo no iba bien.

—Abiga, ¿qué sucede? Lo lamento, de verdad, solo quería ayud…

Las palabras quedaron atascadas en mis labios cuando fui asaltado por los suyos en un beso abrasador.

Y no en el sentido figurado, sino en el literal.

La boca de Abigail estaba caliente al punto de escaldar; un vapor bajaba por mi garganta y procedía de sus jadeos cada vez más apresurados.

Se colgó de mi cuello, empujándome para montar encima de mis caderas.

El sudor le bajaba por la piel febril, estaba ardiendo como si fuera a explotar en llamas en cualquier momento.

Sin dejar la conexión, la sostuve por debajo de las nalgas y la cargué contra mi pecho.

Me arrastré un poco hacia el borde y me sumergí en la poceta con ella.

El agua nos cubrió por completo y moví vigorosamente las piernas para sacarnos de nuevo a flote.

Un suspiro de alivio la hizo gemir por la frialdad de la pequeña laguna.

Sus ojos nublados volvieron a mirarme de cerca mientras sostenía mi cabello por detrás y rodeaba mi cintura con sus piernas.

Diosa, su rostro era tan hermoso y delicado con ese carmín seductor.

Sus labios rellenos y rojos como si los hubiesen pintado a mano.

La bruma se elevaba en el agua y nos sumergía en un ambiente ambiguo.

—Necesito… de tu poder… —habló de nuevo, entrecortado, y sin darme tiempo siquiera a responder mientras asaltaba mi boca.

Me dejé seducir y tomé el control, liberé sin reservar la magia en mis venas.

No la controlaba tan bien como mi madre o mi hermana, pero tampoco tenía que hacer mucho esfuerzo.

Era como si todo mi ser deseara salir y apoderarse del suyo.

La rodeé con los brazos y moví mis labios de manera depredadora, pateando los pies bajo el agua para mantenernos a flote.

Mis manos apretaron y manosearon con lujuria sus nalgas y la pegaron a mi cuerpo endurecido y deseoso de su tacto.

Sentía mi magia colarse en sus poros y encontrarse con el fuego que consumía a Abigail.

Gale insistía una y otra vez en buscar a su loba, pero el interior de la pelirroja era un caos.

De repente, en medio del besuqueo, de los sonidos cada vez más eróticos que salían de nuestras bocas, ella bajó la mano y comenzó a toquetearme el miembro.

Era bastante torpe, pero sus apretones descoordinados sobre la cabeza del glande me tenían gruñendo excitado.

—Mmnn —gemí ronco cuando sus dedos se colaron y exploraron directamente en el interior.

—Sshh, espera, nena… espera… —jadeé, moviéndome con ella cargada hacia el borde.

Mi polla casi llora cuando la mano femenina dejó de masajearla.

Logré apoyarla en una roca redondeada y plana, que era lamida por el agua.

Acariciando su cuello y con ganas locas de chuparle los senos, comencé a bajarme el calzoncillo.

Mis pies pisaban con firmeza en el fondo; esta parte era más baja.

Pronto estuve como mi santa madre me trajo al mundo y arrojé la prenda descuidadamente.

Me separé un poco solo para verla con claridad.

Sus nalgas en los límites entre la piedra y la laguna.

Mi dedo se pasó una vez más desde el perineo hasta el clítoris, moviéndolo un poco y provocándolo.

Suave y deliberadamente, conteniendo mis propios deseos impuros.

Empujé la yema del índice y enseguida fui succionado en el huequito que se sentía tan estrecho y el interior estaba ardiendo.

—Más… —el gemido de ella me desequilibró por completo.

Me vi inclinándome hacia delante y agarrando sus muslos con las manos para abrírselos, casi sacando su culo del apoyo sobre las piedras.

Con el agua al cuello, sumergí mi rostro entre sus piernas y la lamí de arriba abajo, probando su dulce coño con la lengua de Gale.

Su braga quedó de pulsera, colgando de mi brazo.

El aroma a rosas ahumadas entraba por mi nariz y calentaba mi sangre que viajaba hacia el sur de mi abdomen.

“Ssshh… es mejor de lo que imaginé… mete más la lengua… ggrr más adentro, en su vagina…”

Gale estaba en modo depredador.

Chupé los labios menores y besé la vulva de Abigail apasionadamente, moviendo la cabeza y sorbiendo con hambre.

Mi lengua rugosa y áspera moría por penetrar hasta las profundidades de esa concha.

Quemaba, joder, y mi respiración salía a altas temperaturas, pero no pararía ni muerto.

Estaba dispuesto a que me cocinara la lengua mientras se la mamaba bien rico y cada vez más desesperado.

Sin embargo, no pude profundizar demasiado; cuando empujé la punta hacia delante, de manera ruda, Abigail se tensó, dando un grito.

El sabor metálico enseguida se precipitó por mis papilas y me dejó completamente estupefacto.

¿La había lastimado?

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