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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 797

FENRIR

Abrí mucho los ojos, incorporándome un poco y separando los pétalos con los dedos, para ver si la había lastimado con mis caninos.

Un hilo fino de sangre rodó desde el agujerito y se diluyó en el agua bajo sus nalgas.

—Pequeña… tú… —subí la mirada para verla con lágrimas saliendo de sus ojos erráticos.

—Duele… —me dijo con voz nasal, tan linda y dependiente de mí, nada que ver con la mujer impetuosa del bosque.

Una realización golpeó mi mente como un rayo.

—¿Eres… eres virgen? —mi voz salió estrangulada y mi lobo se levantó para saber también la respuesta.

Las mejillas de Abigail se incendiaron por completo y asintió lentamente.

—Por la Diosa… ¿Qué tipo de prueba es esta? —tragué en seco, mirando de nuevo a sus curvas sensuales, a sus pechos bien firmes.

El vientre suavecito que escondía debajo la entrada al más delicioso pecado.

¿Cómo una mujer como ella seguía virgen? ¿Acaso los machos de este reino tenían los ojos en el culo?

Llevé los dedos a mi boca pasándolos por mis labios mojados.

Aun su sabor vibraba en mi boca, pero también su inocencia… ¿y si la desvirgué con la lengua?

No, no, quizás solo la lastimé un poco…

—Dame… de tu magia… la necesito… —sus brazos volvieron a extenderse hacia mí, de manera codiciosa.

—Déjame verte el rostro —la tomé de la barbilla, controlándola un poco y observando fijamente sus pupilas dilatadas y su ceño fruncido.

—Nena, ¿sabes bien lo que estás pidiendo? ¡Me estás incitando a que te quite tu pureza, Abigail!

No pude evitar rugirle. Estaba excitado, como pocas veces en mi vida, pero no al punto de aprovecharme de esta manera de ella.

Por su manera rara de hablarme y comportarse tan coqueta repentinamente; por sus ansias desesperadas de acercarse a mi piel, supe que solo codiciaba mi poder selénico.

Parece que enfriaba su propia magia descontrolada.

Ella estaba pegada a mi torso y lamiendo mi cuello, enredando de nuevo las piernas en mis caderas, pero yo cerré los ojos con fuerza.

Apreté los dientes para no decir las palabras que me subían por la garganta, impulsadas por el maldito conjuro de la verdad.

“Si fuera otro lobo… como Magnus, por ejemplo, ella… ¿le ofrecería también su virginidad para aparearse buscando alivio?”

Gale expresó mis pensamientos. Me sentía tan amargado, mientras la abrazaba contra mi pecho.

¿Por qué ansiaba que ella se entregara a mí de verdad porque me deseaba?

Estaba más que dispuesto a montarla y pasarla bien delicioso ambos. Darle mi poder no era problema, pero no así…

Abigail no estaba en sus cabales y yo no sería tan hijo de puta de desvirgarla y tomar ventaja de sus problemas.

—Pequeña, sshhh… —gemí al sentir los roces de su coño contra mi verga erecta y adolorida; sus mordidas cachonda destrozándome el cuello.

Mi mente luchaba contra las tentaciones.

“No tenemos que penetrarla para satisfacerla…”

Gale gruñó y yo gemí de nuevo, apretándole las nalgas entre mis manos y empujándola contra el suelo en el borde de la laguna.

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