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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 798

ABIGAIL

Las crisis con mi loba de fuego cada vez eran peores.

Era como si te estuvieses quemando por dentro, de manera horrible, y pocas cosas pueden ayudarte.

Una de ellas era la magia de invierno de mi hermana, pero Hannah no estaba aquí, así que, para sobrevivir, me aferré a lo único que me podía salvar.

El príncipe lycan Fenrir… lo cual trajo como consecuencia esta bochornosa situación en la que me encuentro.

Acostada de lado sobre el suelo, con su camisa puesta, estoy mirando a la pared de la cueva.

Quisiera hacerme la olvidadiza, ¡pero lo recuerdo casi todo!

Por la Diosa, que casi violo al hombre y el cosquilleo de placer en mi cuerpo aún persiste.

También una molestia entre las piernas. La verdad no recuerdo muy bien algunos momentos… aunque sé que sexo como tal, no tuvimos.

“Bryda… ¡Bryda!”, llamo a mi loba interior, pero sé muy bien lo agotada que queda cada vez que tiene que enfrentarse a esa bestia de fuego.

—Maldita sea —mascullo sin querer.

—¿Te duele de nuevo, Abigail? ¿Ya te despertaste? —una voz ronca se escucha a mi espalda y su sombra se cierne sobre mí.

No puedo seguir fingiendo que estoy desmayada.

Me revuelvo con incomodidad y me giro, agarrando el faldón de la enorme camisa para taparme los muslos.

—Sí, estoy mejor, gracias —balbuceo sentada y con la mirada en el suelo—. ¿Dónde está mi ropa?

—No te asustes, la estoy secando en una hoguera que improvisé…

Levanto los ojos y veo más allá cómo se las ha ingeniado para montar un pequeño campamento dentro de esta cueva húmeda.

Mis pupilas se estrechan al ver su mano acercándose a tocarme la frente.

Me muevo hacia atrás con brusquedad por temor a las reacciones de mi propio cuerpo.

Este macho me hace sentir rara de una manera excitante y más ahora, que se viste solo con el pantalón.

—Lo lamento, solo quería ver si continuabas con fiebre —me arrepiento al instante de ver su expresión de perrito apaleado.

—No, no, está bien… solo me levanté un poco sobresaltada, pero ya estoy mejor —le expliqué con ganas de tomar su mano, que bajaba lentamente.

Nos quedamos mirando entonces; ese azul intenso me devoraba, me recordaba sus gemidos de placer, la manera en que me acariciaba, sus besos…

—Ejem… ¿Cuánto tiempo llevo descansando? —carraspeé para alejar la incomodidad en el ambiente.

— Unas cuantas horas, ya está anocheciendo —me respondió, asombrándome por la cantidad de tiempo que había estado “fuera” esta vez.

Lo vi moverse de nuevo a un bultico cerca de la laguna.

—Toma, conseguí algunas frutas silvestres para ti; en este pantano no hay mucho… a menos que quieras la carne de alguno de esos animales raros. Puedo cazar…

—No, tranquilo, con esto está bien.

Mi corazón se sintió más dulce que los pequeños frutos, al verlos envueltos con cuidado en un trozo de tela.

Él tomó asiento cerca, atizando un poco el fuego con un palo.

—Parece que ya estás mejor del hechizo.

—Va desvaneciéndose, pero lucho por morderme la lengua a cada segundo, como ahora mismo que muero por preguntarte si te duele el coño… ¡Joder!

No pude evitar comenzar a reírme por sus aprietos y, así, el ambiente se fue relajando y hablamos más.

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