NARRADORA
La misma pregunta se hacían todos.
¿Qué enredo de situación era este?
Cuando Fenrir dio un paso adelante, Magnus hizo lo mismo y agarró a su hembra, empujándola de forma dominante contra su pecho.
—Ella es mía, Fenrir, yo la marqué —le dijo con una seriedad que jamás había utilizado con él.
—Magnus, ¿qué haces? Suéltame… —Hannah luchó un poco.
—No —su aura comenzó a ponerse peligrosa—. Estás recién marcada; no me gusta que estés cerca de otro macho, aunque sea mi hermano.
Declaró, y sus ojos afilados se cernieron sobre Fenrir. Siempre habían sido uno, pero en esto Magnus no estaba dispuesto a compartir.
—Lo lamento, hermano, pero no puedo entregarte a mi mate.
—¡¿De qué rayos estás hablando, Magnus?! —Hannah se estaba impacientando y Abigail tenía la cabeza hecha un lío.
—A ver, a ver, ¿cómo que mi hermana es tu mate? ¿Ella no era la mate de Fenrir? —Abigail señaló a su espalda.
—¡¿Qué?! ¡Claro que no es mi mate! Mi macho es Magnus —Hannah aclaró enseguida.
La escena en el claro parecía una tragicomedia y, de repente, todos miraron al culpable del enredo… el príncipe lycan Fenrir que se había quedado pensativo.
Algo bastante raro en él.
—Pero Fenrir dijo… —Abigail balbuceó, y Magnus también miraba a su gemelo con el alma en un puño.
A pesar de la noche increíble que había pasado, la felicidad de encontrar a su otra mitad siempre estuvo empañada de temor y una sensación de deslealtad hacia Fenrir.
—Ese día estábamos muy lejos, el campo de batalla era un caos —comenzó a explicarse, mesándose el cabello hacia atrás, lleno de confusión
—. La brisa me trajo un aroma mágico frío, mezclado con otro que cosquilleó en mi nariz y me gustó mucho; por eso creí que mi mate era la mujer de invierno, pero…
Fenrir dio un paso adelante y olfateó en el aire hacia Hannah. Magnus dio un gruñido bajo, pero controló los impulsos posesivos de su lobo.
—No… ella no es mi mate, huele a esa misma magia de invierno, pero no está mezclada con la otra esencia… —miró a Abigail fijamente— a rosas.
Fenrir arrugó la cara, lleno de frustración.
¿Cómo se pudo equivocar tanto?
Es cierto que no le prestó mucha atención, que estaba más inmerso en la lucha; fue apenas un soplo entre tantos aromas, pero fue demasiado especial.
No debió ignorarlo.
—Rosas congeladas, como un rosal en invierno, así era el olor —murmuró—, pero ahora ya no hueles exactamente así. ¿Tú también puedes hacer magia de invierno?
Entonces Abigail y Hannah lo comprendieron todo y casi le dieron ganas de abrirle la cabeza a ese tonto lycan.
—Te confundiste por el hechizo que siempre colocaba sobre el cuerpo de Abigail para ayudarla a controlar sus llamas —Hannah le respondió, suspirando.
—Ese hechizo se desvaneció y no pude encontrar a mi gemela para que lo restaurara; por eso no lo oliste de nuevo en mí —Abigail no podía creerse esta locura.
—. Yo no puedo hacer magia de invierno, soy una Centuria. En la lucha, Hannah creó toda una armadura congelada para mí, para no correr el riesgo de descontrolarme.
El silencio en el claro se hizo general.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...