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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 146

Melissa sentía que se ahogaba. Llegó al club de Jake casi corriendo, tropezando con sus propios pies, sin importarle un carajo nada.

Ya no era la mujer intocable que miraba a todos por encima del hombro; ahora era solo un manojo de nervios aterrorizados.

Tenía la ropa arrugada, el maquillaje deshecho por tanto llorar y el corazón latiéndole desbocado en la garganta.

Había perdido todo. En su desesperación, intentó llamar a Brenda, pero el teléfono la mandaba directo al buzón de voz.

Su propia arrogancia y sus constantes humillaciones habían terminado por alejar a su única amiga.

Ahora estaba sola, acorralada, y Jake era literalmente la única persona en este mundo que creía que podía ayudarla a escapar.

Llegó a la puerta y la empujó con fuerza, entrando como un vendaval.

Jake estaba sentado detrás de su escritorio, revisando unos documentos con total tranquilidad.

Al verla entrar en ese estado tan deplorable, no se inmutó; al contrario, una sonrisa cínica y cargada de satisfacción se dibujó en su rostro.

—Vaya, vaya. Miren nada más lo que trajo el viento —se burló él, recostándose en su silla y cruzando los brazos—. La reina ha caído de su trono.

Melissa se acercó al escritorio y lo golpeó con ambas manos, temblando de una furia incontrolable.

—¡Cállate la maldita boca y ayúdame! —gritó ella, con la voz aturdida por todo lo que había llorado—. ¿Cómo te atreviste, infeliz? ¡Tú le dijiste la verdad a Víctor! ¡Fuiste tú quien abrió la boca sobre el niño!

Jake se puso de pie de golpe, borrando la sonrisa de su cara.

Apoyó las manos sobre la mesa y acercó su rostro al de ella, enfrentándola sin un gramo de miedo.

—Te destruiste tú sola por ambiciosa y por creerte intocable —le escupió Jake, con los ojos llenos de rencor—. Yo solo le di a Víctor la pieza que le faltaba. Te dije que me la ibas a pagar por cómo me trataste. Me humillaste, te lo advertí claramente, Melissa: yo no amenazo en vano.

—¡Eres un maldito parásito! —chilló ella, agarrando un pisapapeles de metal del escritorio e intentando lanzárselo a la cabeza, pero Jake fue más rápido y le sujetó la muñeca en el aire con una fuerza brutal.

—¡Y tú eres una bruja que se creyó de la realeza! —rugió Jake, empujándola hacia atrás con desprecio para que soltara el objeto—. Se acabó tu mina de oro. Víctor te dejó en la calle, sin un centavo.

Capítulo 146. Una trampa perfecta. 1

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