El Hotel Aramburu siempre sería su refugio especial. Al cruzar la puerta de la suite, a la mente de ambos regresaron cientos de recuerdos de aquel lugar.
Allí había sido su primera vez como amantes, en esa época llena de secretos, mucho antes de imaginarse que terminarían siendo esposos y formando una familia hermosa.
Para ellos, el sexo nunca fue solo para pasar el rato; había sido siempre su herramienta favorita para conectarse, para entenderse sin decir una sola palabra y para alejarse de golpe de todas las presiones del mundo entero.
Ahora, parados en medio de la elegante habitación con las luces bajas, su esposo la miraba con un fervor que le derretía el pecho.
Ya no había prisa, ni miedos.
Las manos cálidas de Víctor la recorrían por encima de la ropa con una lentitud que la desesperaba por completo.
Él la conocía de memoria, sabía exactamente dónde palpar, dónde presionar un poco más fuerte en su cintura y dónde rozar su piel para hacerla sentir la mujer más deseada y hermosa del planeta.
Amanda le sonrió con picardía, se soltó de su agarre y se escabulló rápidamente hacia el baño.
Cuando la puerta se abrió unos minutos después, Víctor dejó caer la mandíbula y se quedó sin aliento.
Amanda salió caminando con paso seguro, vestida con aquel ajustado traje de enfermera sexy que él le había comprado hacía ya un buen tiempo.
Era el mismo traje que ella le prometió usar una vez que saliera del parto y se recuperara por completo.
La faldita blanca apenas le cubría lo estrictamente necesario, y el pequeño delantal acentuaba todas sus curvas de una manera que a Víctor le hizo hervir la sangre de inmediato.
Él tragó grueso, apoyándose en el borde de la cama, con los ojos azules brillando de pura hambre acumulada.
—Ven aquí y dame un beso —le ordenó con esa voz ronca y profunda que a ella siempre terminaba aflojándole las rodillas.
Amanda caminó hacia él balanceando las caderas de manera provocativa, sabiendo perfectamente el efecto que causaba en su esposo, pero antes de que pudiera llegar, él no aguantó más.
La tomó de la cintura con firmeza y la jaló de un tirón para sentarla sobre sus piernas.
—Eso es trampa, Víctor —rio ella, soltando una carcajada coqueta mientras enredaba los dedos en el cabello oscuro de él.
—La única trampa aquí es que te hayas puesto eso sabiendo que no voy a dejarte dormir en toda la bendita noche —murmuró él contra su boca, antes de devorarle los labios con rapidez.
No hubo prisas calculadas, pero sí unas ganas inmensas, crudas y reales que llevaban guardando desde hacía meses.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...