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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 169

Dejar la clínica atrás fue el mejor sentimiento del mundo. Amanda se hundió en el asiento del auto, exhausta y adolorida, pero inmensamente feliz.

El parto la había dejado sin una sola gota de energía, pero como todo fluyó de manera natural y tanto ella como la pequeña Valentina estaban en perfectas condiciones, el médico no tardó en firmarles el alta para que volvieran por fin a casa.

Cuando las puertas de la mansión Grimaldi se abrieron de par en par, Amanda se quedó literalmente sin aliento.

Víctor no había escatimado en nada.

Con la ayuda de Valeria, había transformado el inmenso vestíbulo en un verdadero paraíso.

Había hermosos arreglos de rosas blancas y peonías rosadas en cada rincón, globos flotando cerca del techo y un enorme cartel con letras doradas que cruzaba la pared principal:

"Bienvenida a casa, Valentina".

Apenas dieron el primer paso hacia adentro, el sonido de unos pequeños pies corriendo a toda velocidad resonó con fuerza sobre el suelo.

—¡Papá! —gritó el pequeño Mattias a todo pulmón.

El niño venía corriendo a toda velocidad por el pasillo central, con los bracitos extendidos y una enorme sonrisa que le iluminaba por completo los ojos.

Víctor, que sostenía con extrema precaución el portabebés con una mano, se agachó rápidamente y recibió a Mattias con su brazo libre, envolviéndolo en un abrazo firme y cargado de amor incondicional.

—Hola, mi campeón hermoso. Mira quién llegó por fin a la casa —le dijo Víctor con voz dulce y suave, apartándose un poco para que el niño pudiera asomarse a ver a su nueva hermanita.

Valeria venía caminando unos pasos detrás del niño, luciendo radiante y con una sonrisa llena de paz.

Se acercó directamente a Amanda y la envolvió en un abrazo sumamente cuidadoso, pero lleno de cariño.

—¡Bienvenidos a casa! Todo esto quedó espectacular únicamente gracias a que Víctor me volvió completamente loca durante dos días exigiendo que todo estuviera perfecto —bromeó Valeria, secándose una pequeña lágrima de emoción al asomarse a ver a la bebé—. Ay, Amanda, es una verdadera muñeca de porcelana. Tiene todo el perfil fuerte de Víctor, pero te aseguro que esa paz tan hermosa al dormir es toda tuya.

—Gracias por organizar todo esto, Valeria. De verdad, es el recibimiento más hermoso que he tenido en mi vida. Y muchísimas gracias por quedarte a cuidar a Mattias —respondió Amanda.

—No tienes absolutamente nada que agradecer, fue un verdadero placer para mí —sonrió Valeria, dando un par de pasos hacia atrás y acomodándose el bolso sobre el hombro—. Pero bueno, yo ya me retiro. Ustedes han tenido un día increíblemente largo, lleno de emociones fuertes y cansancio, y lo que más necesitan ahora es privacidad. Además, Daniel ya me está esperando afuera en el auto.

Valeria se despidió con una sonrisa y cerró la puerta tras de sí.

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