Minutos después, las chicas finalmente salieron de la habitación de recuperación para dejar que Amanda descansara en paz.
Lucía, emocionada por contarle los detalles a Fernando, se adelantó rápidamente por el pasillo iluminado por luces blancas, dejando a Adriana unos pasos atrás.
Ella se detuvo un instante para ajustarse la correa de su c bolso sobre el hombro, soltando un largo suspiro para liberar la tensión acumulada.
Justo cuando iba a retomar su camino hacia la amplia sala de espera, Daniel apareció desde el corredor y la tomó sutilmente del brazo, deteniéndola de inmediato.
—¿En serio lo tengo chiquito? —preguntó él en voz baja, pero con el ceño profundamente fruncido.
Adriana soltó una carcajada abierta y sonora, echando la cabeza hacia atrás, sin poder creer que un hombre como Daniel siguiera dándole vueltas a ese absurdo comentario en medio de un hospital.
—Ya no te aflijas por eso, Daniel —respondió ella con una sonrisa burlona—. Al parecer, Valeria no tiene ningún problema con eso. Se conforma muy bien con lo que hay.
—Para tu información, ella está encantada y plenamente satisfecha —replicó él, levantando la barbilla—. Y creo que solo lo dijiste para joderme hace un rato.
Adriana se encogió de hombros, restándole total importancia al asunto con un movimiento elegante y despreocupado de sus manos.
—Piensa lo que quieras, mi amor. La realidad es la que es.
Sin darle tiempo a seguir reclamando, ella dio media vuelta, dispuesta a marcharse de una vez por todas.
Sus altísimos tacones resonaron sobre el pulcro piso, pero la voz grave de Daniel la detuvo apenas dio el primer paso.
—Espera, Adri. Hablando de temas serios ahora, te quería proponer algo importante... ¿Por qué no hacemos una boda doble?
Adriana frenó de repente.
Giró sobre sus talones muy lentamente, mirándolo de arriba abajo como si de pronto a Daniel le hubieran salido dos cabezas.
—¿Qué? ¿Te volviste completamente loco? Ni lo sueñes —sentenció ella de inmediato—. Rodrigo ha estado planeando este evento milimétricamente. No voy a meter otra boda en el medio de la mía.
—Míralo por el lado amable —insistió Daniel, dando un paso hacia ella y utilizando ese tono persuasivo—. Te conozco mejor que nadie, Adriana. Eres práctica y odias el protocolo excesivo. Sé que todo ese lujo desmedido y la perfección de Mendiola te tienen al borde del colapso nervioso.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...