Entrar Via

Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 143

Víctor llegó a la casa de Melissa convertido en una fiera, bajó de la camioneta blindada antes de que el chófer terminara de frenar por completo.

Los escoltas intentaron seguirlo, pero él los detuvo con un gesto tajante. Quería hacer esto solo.

Empujó la puerta con tanta fuerza que la madera rebotó contra la pared. Entró como un huracán, destilando rabia.

—¡Melissa! —rugió, haciendo temblar los cristales de la sala.

Ella apareció cerca a la encimera.

Llevaba una bata de seda, el cabello perfectamente arreglado y una copa de vino tinto en la mano.

Lo miró primero con sorpresa y luego frunció el ceño con absoluto fastidio.

—¿Qué demonios te pasa, Víctor? ¿Se te olvidó cómo tocar el timbre?

Él acortó la distancia y se acercó a ella, tan cerca que Melissa tuvo que alzar la cabeza para mirarlo.

—Se acabó tu maldito juego. Recoge las cosas del niño de inmediato. Me lo llevo ahora mismo.

Melissa soltó una risa incrédula. Se cruzó de brazos, adoptando esa postura altanera y prepotente que tanto la caracterizaba.

—¿Perdón? Tú no te llevas a mi hijo a ningún lado. ¿Estás loco o qué te tomaste? Tenemos un acuerdo legal firmado por un juez. Tú mismo aceptaste las condiciones.

Víctor soltó una carcajada seca, amarga y sin una gota de gracia.

—¿Tu hijo? —espetó. Dio un paso al frente, acorralándola—. No te atrevas a llamarlo así nunca más en tu perra vida. Acabo de salir de la delegación de policía. Acabo de hablar con Jake.

La copa de vino resbaló de los delgados dedos de Melissa.

Se estrelló contra el suelo de con un ruido brusco, salpicando líquido rojo por todas partes. Su rostro palideció de golpe, perdiendo todo rastro de arrogancia.

—Yo... yo no sé de qué me hablas. No veo a ese tipo desde hace años. Seguramente te inventó estupideces para sacarte dinero.

—No me mientas en mi cara, maldita sea. No lo empeores —gruñó Víctor, agarrándola por los brazos con fuerza—. Sé perfectamente quién es Lorena. Sé lo que hiciste en ese hospital hace dos años. Sé que mi verdadero hijo murió y tú compraste a Mattias.

Melissa empezó a temblar.

El pánico le subió por la garganta y le cortó la respiración. Sus mentiras estaban expuestas bajo la luz más cruel.

—Te juro por la memoria de mi verdadero hijo que vas a pasar el resto de tu miserable vida usando un uniforme naranja, comiendo sobras y rodeada de la escoria que tanto desprecias. Te voy a aplastar, Melissa. No te va a quedar ni el recuerdo de lo que fuiste.

Melissa abrió la boca para replicar, para lanzar otra amenaza, pero no salió ningún sonido de su garganta. Sabía que no era cualquier amenaza.

Víctor Grimaldi no ladraba si no estaba dispuesto a morder, y ella conocía a la perfección el inmenso poder y la influencia que él manejaba.

Podía hacerla desaparecer del mapa legalmente si él lo quería.

—Y no te equivoques. Yo no estoy jugando —añadió Víctor, con la voz cargada de agotamiento y rabia—. Daniel está en una cama de Cuidados Intensivos debatiéndose entre la vida y la muerte por culpa de Donovan. Casi me vuelan la cabeza en plena calle. No tengo paciencia, ni piedad, ni tiempo para tus pataletas. Te largas de mi vista para siempre o te vas presa. Tú decides.

—No puedes dejarme sin nada, Víctor... —suplicó ella de repente, cambiando drásticamente el tono. Su coraza altanera se hizo pedazos, dejando ver a la mujer patética que realmente era—. Por favor. Mattias es lo único que me queda para sostener mi vida.

—Tú nunca lo quisiste. Solo fue tu póliza de seguro, y acaba de expirar.

Víctor se dio la vuelta. En la entrada de la habitación se encontró con la niñera, que los miraba aterrorizada desde el pasillo.

—Busca a Mattias y empaca su ropa. Nos vamos ahora —ordenó él sin titubear.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.