Vania arqueó una ceja, pero su reacción serena no pasó desapercibida para Yago, quien pareció comprenderlo todo.
—Luna era inocente, después de todo.
Ella no había querido llegar a esos extremos, pero si no le habían dado ni tres días de margen, que no la culparan por defenderse.
Yago estuvo de acuerdo.
—Hiciste lo correcto.
Vania se sorprendió un poco, y Yago sonrió:
—Desde el primer día que el profesor Zavala te presentó conmigo, supe que no eras alguien ordinaria. Vania, tienes el talento suficiente para no esconderte en las sombras.
—Claro, sé que tienes tus motivos, pero, como director general del Grupo Nexo, quiero que confíes en que tengo el poder para proteger a mis empleados y a la mujer que considero mi hermana menor.
Esa era la postura de Yago frente a Vania.
No solo era el jefe poderoso que la respaldaba, sino un hermano mayor dispuesto a cuidarla.
A lo largo de su vida, aparte de la seguridad que le dio su madre y los mimos de Julián Herrera, Yago era la primera persona capaz de hacerla sentir a salvo.
Vania se sintió conmovida.
De manera juguetona, desvió el tema con agilidad.
—Señor Leal, ¿no cree que me quitó la máscara demasiado pronto?
Yago soltó una carcajada.
Justo en ese momento, alguien pasó frente a la oficina de Vania, vio la escena y los fotografió a escondidas con su celular, alejándose después como si nada.
Debido al escándalo mediático, las autoridades intervinieron de inmediato para investigar el caso de la escuela que había expulsado a Luna.
Efectivamente, comprobaron que habían expulsado a la víctima de acoso escolar.

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